martes, 17 de octubre de 2017

CRÓNICAS TEMPRANAS DEL SIGLO XVI EN LA IV FIL CUSCO 2017

Rodolfo Sánchez Garrafa

La puesta en circulación de Crónicas Tempranas del Siglo XVI (2 Vols.), publicación de la Dirección Desconcentrada de Cultura de Cusco-Ministerio de Cultura, ha sido uno de los acontecimientos bibliográficos más destacables del reciente IV Festival Internacional del Libro 2017, que tuvo lugar en la ciudad del Cuzco. 

Tal como lo destacara Carlos Velaochaga en el acto de presentación, el Tawantinsuyu en el siglo XVI fue víctima de una invasión sistemática que tuvo como avanzada a una expedición militar de fuerzas españolas con el objetivo de apoderarse del territorio andino y de las riquezas que sus pueblos poseían. Los registros tempranos escritos en castellano por los agentes invasores, son eso, un acompañamiento de la invasión, describen el territorio y el modo de vida de los pueblos andinos desde los propios códigos lingüísticos y culturales de los actores españoles, aunque, también es cierto, no dejan de proporcionar abundante información con la cual, convenimos, vamos en camino de enriquecer nuestras posibilidades de reescribir la historia y entender mejor nuestro legado cultural.

Es imprescindible referir los documentos compilados: Cristóbal de Mena – La Conquista del Perú llamada la Nueva Castilla. [1534]; Francisco de Jerez – Verdadera relación de la Conquista del Perú [1534]; Pedro Sancho de la Hoz - Relación de la conquista del Perú [1534]; Miguel de Estete – Relación del descubrimiento del Perú [1535); Vaca de Castro – Relación de los Quipucamayoc Collapiña, Supno y otros [1542]; Cristóbal de Molina (el Almagrista) – Relación de muchas cosas acaecidas en el Perú [1553]; Polo de Ondegardo – Los errores y supersticiones de los indios [1559?] y Relación de los adoratorios de los indios en los cuatro caminos que salían del Cuzco – [1561?]; Diego de Trujillo – Relación del descubrimiento del reino del Perú [1571]; y, Blas Valera – Las costumbres antiguas de los naturales del Perú y la historia de los Incas [1590].

No tiene por qué sorprender que estas crónicas trasluzcan criterios europeizantes, visión europea del mundo andino, justificación moral de la invasión del Tawantinsuyu, unificación cronológica de los hechos en términos de la historia europea. Con estas crónicas, como bien ha dicho Alejandro Herrera, otro de los presentadores de esta publicación, se dio inicio a una etapa en que la escritura estaría destinada a imponerse sobre la oralidad, la evangelización cristiana se impondría con nuevos modelos icónico-figurativos (pintura, escultura, arquitectura, principalmente), los mitos andinos recogidos serían sostenidamente historizados a partir del Siglo XVI en que se produce una verdadera colisión de civilizaciones. Todo ello, en un proceso de abruptos cambios, más allá de cualquier sincretismo conciliador.


Una reflexión inteligente, nacida al calor de esta publicación, es la que concierne al mejor conocimiento, que paulatinamente se va logrando, respecto al pasado proto-inka y a la posibilidad que la cronología correspondiente pueda retroceder a varios siglos anteriores a los considerados hasta ahora. Como sabemos el desarrollo inka está fechado, de manera ampliamente aceptada, de los siglos XIII al XVI, asignándosele poco más de 200 años, en el mejor de los casos, tiempo sumamente breve considerando el esplendor cultural alcanzado por esta civilización y su impresionante extensión en el mundo andino.

Por nuestra parte, no podemos menos que identificarnos con la antedicha posibilidad, considerando el incremento de la información actualmente disponible, que permite formular hipótesis respecto a un engarce ideológico entre el pensamiento inka y la de sus predecesores panandinos los Tiawanaku-Wari. Esto quiere decir, que muchas ideas con las que los inkas construyeron su imagen del mundo tienen que haber sido tomadas de la sólida tradición precedente. No deberíamos dejar de considerar la larga datación Tiawaku-Wari, que alcanza por ahora a los siglos III al XI, es decir aproximadamente ocho siglos en una estimación conservadora. El soporte ideológico y tecnológico de este largo horizonte habría sido decisivo para lo que podríamos llamar restauración de un Estado teocrático panandino con los inkas, luego de dos siglos en los que se produjo una solución de continuidad política.

Dado que los investigadores, frente a estas crónicas tempranas, tienen abierto el paso para el uso y aplicación que consideren apropiados a sus propios proyectos de reinterpretación del pasado andino, nos permitimos llamar la atención respecto a la particularidad de las referencias que encontramos, en cuanto a lo que se pudo averiguar respecto al origen de los inkas y el “imperio” que éstos llegaron a establecer.



El carácter sagrado atribuido al Cuzco por los inkas (Pedro Sancho de la Hoz [1534], Cristóbal de Molina, el Almagrista [1553], Diego de Trujillo [1571]), es seguramente similar al que, en su momento, se asignó a Tiawanaku (Taypikala) y a Wari. Igual podemos decir respecto a la ritualidad fundacional de los asentamientos mayores en los Andes, como proseguirá demostrándonos la arqueología con sus cada vez más sorprendentes hallazgos. Es destacable que los registros de Vaca de Castro [1542] y Valera [1590] contengan referencias concretas a la divinidad Viracocha, a la ritualidad que su culto entrañaba, y en el caso de Molina (el Almagrista) se lo haya referido como proveniente del Lago Titicaca y fundador del Cuzco (aunque atribuyéndole la calidad de Inka, lo que puede confundir con el personaje posterior en la lista de los Qhapaqkuna). La relación de Vaca de Castro y la escrita muchos años después por Fernando de Montesinos coinciden en consignar que el señorío y empoderamiento inicial de los inkas se produjo sin molestia de por guerra ni armas; siendo que, según este último, las grandes agrupaciones inkas “sin orden de guerra ni de campo formado” entraron en la ciudad del Cusco..... “y dijeron que no venían a buscar guerra ni mal alguno sino solamente a buscar tierras buenas a donde vivir y criar ganados” (Montesinos [1644] 1957: 13-4).

En el conjunto del ciclo de los Hermanos Ayar se puede encontrar significaciones o rasgos de orden arquetípico, que no necesariamente se reducen a la perspectiva bélica y violentista de instauración del orden inka, sino que más bien nos encaminan hacia una gesta de búsqueda de un centro que pudiera abastecerse de sacralidad y servir a la necesidad de una restauración. No debiéramos descartar la utilidad de comparar esta saga mitológica con los relatos fundacionales que nos llegan de otros pueblos andinos y de otras áreas culturales, la fundación de Tiawanako, Pachacamac, por decir algo, y de antiguos pueblos de Eurasia. El asunto es hacer inteligibles los mitos, entenderlos en lo que pudo ser su sentido primigenio en un contexto que no es ni remotamente el del siglo XVI, pero que puede sernos de algún modo accesible.


Cabe plantear la posibilidad de hallarnos ante discursos de legitimación social y política de órdenes que se constituyen y reconstituyen en el tiempo. Hay en los mitos fundacionales una necesidad de constitución humana, social y cultural, de fundar y mantener el orden, que desde luego puede llevar un ingrediente de economía sacrificial pero que no se reduce a ella. La perspectiva de un ciclo fundacional inka como campaña militar, obviamente violenta, está colada por todo lado en los registros tempranos, que es comprensible no dejan de obedecer a una mirada europea con sus respectivos códigos lingüísticos y culturales. ¿De qué otra manera podían haberse escrito estas crónicas, sobre todo las tempranas del Siglo XVI? Las contradicciones, que puedan descubrirse, entre diversos textos, serán a futuro las mejores pistas para avanzar en el conocimiento del pensamiento andino originario.

Otro asunto de interés, en esta línea de razonamiento, es el relacionado con la oportuna y pertinente cita al cronista Anello Oliva [1598] que los compiladores introducen en su comentario (T. II) sobre Blas Valera, quien había registrado la existencia de un imperio quechua anterior a Manco Cápac (Manku Qhapaq) y una extensa relación de gobernantes que al parecer sirvió de fuente a Fernando de Montesinos.


Parece estar cada vez más cerca el día en que revalorados seriamente los relatos orales recogidos por narradores europeos de los siglos XVI y XVII, a la luz de la etnografía, etnohistoria, lingüística y arqueología contemporáneas, sea posible llegar a demostrar que los gobernantes Tiawanaku-Wari y los Inkas se emparentan, de forma mucho más directa de la hasta ahora pensada. La publicación compilada de Crónicas Tempranas del Siglo XVI no deja de anunciar que soplan nuevos vientos y que nos preparamos convenientemente para aprovechar tal energía.


Referencias bibliográficas

ANELLO OLIVA, Giovanni
2015     Historia del Reino y provincias del Perú [1598]. Universidad Nacional del Altiplano. Puno.
IMBELLONI, José
2015     La Capaccuna de Montesinos, después de cien años de discusiones e hipótesis (1840-1940). Universidad Nacional del Altiplano. Puno.
MONTESINOS, Fernando de
1957     Memorias antiguas historiales y políticas del Perú [1644]. H. G. Rozas, Cuzco.
VELAOCHAGA, Carlos, HERRERA, Alejandro y WARTHON, Rafael (Compiladores)
2017   Crónicas Tempranas del Siglo XVI (2 Vols.). Ministerio de Cultura, Dirección     Desconcentrada del Cusco.