miércoles, 9 de agosto de 2017

MANUEL SALAS Y SU VISIÓN SOBRE LA OBSESIÓN DE LIBERTAD

Rodolfo Sánchez Garrafa


Al escribir su novela Locotone, obsesión de libertad (Artprint, 2016), Manuel Salas Córdova* ha cumplido una demanda guardada en la memoria. Es que los hechos que relata son —quiero creerlo así— en gran parte reales, ocurrieron y, lo que no, está en el terreno de lo posible, con un planteamiento muy bien escrito por cierto. 

El argumento

Se trata de una historia de aventura, osadía, misterio, riesgo y amor, protagonizada por un hombre citadino singular, que allá por los años 40 del siglo pasado se interna en lo profundo de la enigmática selva virgen de Q’osñipata y Madre de Dios, que alberga hoy mismo uno de los sistemas naturales con mayor biodiversidad en el planeta. En el fondo de la épica travesía, permanencia y admirable adaptación de Roberto Verón, el héroe, que escapando de una prisión limeña vence los obstáculos de la impenetrable cordillera de Pantiacolla, habría que situar la extraordinaria casuística que conlleva el milenario desplazamiento de los andinos hacia la región de los bosques húmedos lluviosos que se ubican en el territorio oriental amazónico del Perú, el mismo que de ningún modo es un espacio vacío, pues decenas de pueblos nativos lo ocupaban desde tiempos ancestrales y con algunos de ellos habría de enfrentarse inevitablemente el “loco” protagonista de esta cautivante narración. 


Al empezar la lectura no pude evitar asociar esta historia con la trama del relato breve sobre Pedro Serrano en el Inca Garcilaso de la Vega y con la más familiar novela sobre Robinson Crusoe en la pluma de Daniel Dufoe. Sin embargo, la diferencia es grande, Locotone, el sobrenombre que asume Tito o Roberto Verón, incide en la relación inversa entre el alejamiento de la llamada civilización y la vida próxima a la naturaleza. Mientras Serrano y Crusoe son náufragos supervivientes que soportan una larga estadía en una isla aparentemente deshabitada, para finalmente volver a su tierra de origen. Locotone es el fugitivo que renuncia a su mundo primigenio y huye de éste hacia un remoto destino de donde nunca más regresará.


El encuentro entre culturas

Más que incidir sobre detalles, importa advertir que la novela da buena cuenta del encuentro entre culturas y permite atisbar lo que realmente fue el choque entre colonizadores y pobladores nativos de las etnias Wachipayri y Amawaka, conformantes de la familia sociolingüística Arakmbut. Es fascinante remontarse a una época en que estos pueblos nativos todavía eran numerosos, tenían un dominio territorial efectivo, conservaban su modo de vida, lengua, costumbres, rituales, y una vida cotidiana de franco diálogo y reciprocidad con la naturaleza. La supervivencia, las consecuencias del encuentro, los conflictos y la convivencia de diferentes culturas son tan sólo algunos de los muchos temas que aborda este libro. Locotone, el aventurero evocado, asume un modo de vida amazónico, su coraje le permite soportar la dura adaptación que no solo concierne a condiciones ambientales sino a la comprensión de la racionalidad de nuevas prácticas culturales en la inevitable convivencia. Interesado al principio en la acumulación de oro, para asegurar su propia supervivencia, acabará otorgando sentido a la osada adquisición de una mujer nativa con la cual compartir el resto de su vida.

No abundan en nuestra literatura textos que incidan sobre el encuentro entre culturas mestizas de los andes y nativas de la amazonia sur oriental peruana. Manuel Salas ha acometido esta tarea de manera feliz, mostrando más allá de los avatares del héroe, los rasgos dominantes en la progresiva penetración a un territorio visto como alternativa de enriquecimiento, siguiendo en principio los moldes de dominio de la hacienda señorial andina. 

La libertad y el costo del "progreso"

Locotone queda registrado como una posibilidad de vida, con reconocimiento del otro; sin embargo, para pena nuestra, la historia revela lo extremadamente difícil que es estructurar relaciones isométricas en situaciones de interculturalidad. En la desaparición y el evitamiento se juegan cartas que no se condicen con la solidaridad humana. No hay colonización que pueda dar frutos esperanzadores. Es posible que los colonizadores de ayer estemos a nuestra vez siendo imperceptiblemente colonizados y no tengamos, esta vez, una selva virgen que nos brinde refugio.


Al margen, este provocador libro de Manuel Salas Córdova invita no ya a preguntarnos por el destino de Roberto Verón sino por el de los pueblos que lo acogieron. Tras el establecimiento de haciendas agrícolas o zonas de explotación forestal, combinada con la búsqueda de oro, mediante trochas y caminos que favorecieron este proceso, vemos que de los wachipayres, formidables guerreros y cazadores de antaño, queda apenas un poco más que el recuerdo, y una gran lección histórica esbozada por Manuel Salas, un autor que seguirá dando que hablar.

* Manuel Salas Córdova es Ingeniero Químico, graduado en la UNSAAC, hombre dinámico, aventurero, soñador, con un profundo amor por su tierra el Cuzco y por su país. Además del libro que comentamos, ha escrito numerosos trabajos en narrativa y poesía que esperamos publique pronto. 

miércoles, 19 de julio de 2017

GAMALIEL CHURATA Y SU INNATA VOCACIÓN DE ESCRITOR*

Rodolfo Sánchez Garrafa

La generosidad de José Luis Ayala explica mi presencia en esta mesa. Considero que mi único mérito para esta distinción es, quizá, haber conformado el Comité Peruano del Centenario del Nacimiento de Gamaliel Churata establecido en Lima en noviembre de 1996.

Es seguro que a ninguno de los aquí reunidos nos es ajena la figura del extraordinario escritor Gamaliel Churata, hombre representativo de su tiempo. Digo esto no porque Arturo Pablo Peralta Miranda, el hombre llamado así tras el seudónimo enunciado, sea el ejemplo de lo que fueron todos los que compartieron con él las mismas circunstancias en tanto productos de la historia, sino en cuanto él hizo todo lo que le fue posible hacer para conquistar su libertad y asumir su potencial papel de creador de la historia. Es decir, Gamaliel Churata no ha pasado a la historia, ya estaba como todos nosotros en la historia, pero pocos ejercitamos como lo hizo él la capacidad de trascender a las contingencias, mantenerse en pie, exponer el rostro propio, actuar distinguiendo lo particular de lo general, lo contingente de lo real, lo inhumano de lo humano, lo auténtico de lo inauténtico. Eso es lo que hizo Gamaliel Churata, por eso lo reconocemos como un gran hombre, como un hombre descollante y creador de la historia.

La magnitud de su obra creadora

Por lo escrito hasta ahora sobre Churata y, particularmente, gracias a contribuciones invalorables como el libro que se presenta esta noche: Innata vocación del escritor GAMALIEL CHURATA que tiene como editor al ilustre intelectual José Luis Ayala, sabemos que Churata empezó a escribir desde los años treinta del siglo pasado, siendo autor de El pez de oro, una obra considerada medular del Perú y aún de América, y -en palabras de Ricardo González Vigil- “probablemente la creación literaria más compleja y ambiciosa llevada a cabo por puneño alguno” (Cit. Ayala 2017: 312).

La colosal producción de Churata se extiende a muchos otros trabajos, entre los cuales el volumen que hoy se presenta nos brinda información sobre El pez de oro, libro de libros, que involucra otros como Españoladas, Pueblos de piedra, Mama kuka, Puro andar, Morir de América, pero también nos ilustra sobre textos a los que solo recientemente hemos podido acceder como es el caso de Resurrección de los muertos. Ahora bien, todo este esfuerzo creador configura una anticipación vanguardista, indigenista y filosofante (R.G.V). Es claro que el carácter de tales atributos vino siendo todavía general y apenas indiciario. José Luis Ayala nos ayuda a palpar más de cerca esta obra, al puntualizar que: a) La escritura de Churata sigue una tradición andina distanciada con claridad de la colonial imperante, b) Su vanguardismo conlleva una expresión de creatividad cosmogónica, c) Se inscribe en la corriente de la escritura híbrida, d) Propone una reconceptualización radical del deber ser de la literatura americana y de las estructuras cognitivas de nuestro pensamiento crítico. Cada uno de estos rasgos es tratado con seriedad y convicción por José Luis Ayala; de ahí que, luego de una lectura detenida de su análisis, sea difícil desconocer el carácter amplio, emergente, insólito, de la propuesta magistral de Churata.

El reconocimiento a la estatura intelectual de Churata

Año 2017, la obra de Gamaliel Churata empieza a ser estudiada por importantes críticos y académicos del siglo XXI. Tuvieron que transcurrir sesenta años desde la publicación de El pez de oro (1957) para que pasara a ser leído con avidez por un sector importante de lectores en nuestro medio y en otras latitudes del mundo.


El lenguaje rupturista empleado por Churata, la mezcla de lenguas o hibridismo lingüístico, la estructura divorciada de la linealidad en sus libros y un supuesto carácter onírico, habrían incidido en la limitada difusión de la obra churatiana hasta años recientes.

Esto es justamente, lo que se desprende de una notas compartidas por Eloy Jáuregui, para quien, en sus primeros encuentros, El pez de oro era un constructo polisémico y polifónico que en las postrimerías de los años setenta gozaba de una inexplicable oscuridad y complejidad. Centro de un debate inaugurado en Puno en 1979 por Omar Aramayo en su tesis “El Pez de Oro, la biblia del indigenismo”, a la que siguieron “Historia social e Indigenismo en el Altiplano” de José Tamayo Herrera, y otros trabajos como “Las fronteras de la escritura. Discurso y utopía en Churata” de Miguel Ángel Huamán escrito en 1994.

El conocido crítico literario Ricardo González Vigil escribió en 1983 “en el Perú casi nadie ha escuchado hablar de El pez de oro (¿cuándo será reeditado? ¿quién publicará los numerosos inéditos de Churata, y recopilará los seis mil artículos que dejó dispersos?)”.

Para hacer breve el recuento, responderemos directamente que, sin duda, ha sido José Luis Ayala el protagonista principal en la ardua tarea de editar, difundir e investigar la obra de Gamaliel Churata. No solo ha jugado un papel decisivo en sucesivas reediciones de El pez de oro (1987, 2011), sino que ha promovido la reconstrucción del trayecto vital de Churata hasta convertirse en uno de los mejores conocedores de su biografía; aquí en Innata vocación de escritor están los testimonios que así lo demuestran: La mesa redonda sobre la vida y obra de Gamaliel Churata (1991), la celebración peruana del Centenario del Nacimiento de Churata (1997), la larga jornada por la recuperación de textos inéditos de Churata, su participación en el Simposio Internacional sobre Churata y el desarrollo de las epistemias en la era de la globalización (Pittsburgh, 2016), y ahora, abreviando, la publicación de Innata vocación del escritor Gamaliel Churata (2017) que así como en sus empeños anteriores ha implicado la movilización de muchísimas personas con sus testimonios, rescate epistolar, pesquisa documental, sensibilización institucional y gestión cultural a diversos niveles. José Luis Ayala no solo es un biógrafo de Churata sino que es un difusor informado de su pensamiento. Diría que ha hecho más que contribuir al retorno de Churata desde el fondo del tiempo, ha logrado que el autor de El pez de oro nos transmita la energía vital que conservan sus escritos, un kamay primordial que tanta falta nos hace a los habitantes de akapacha. Ya lo había anticipado Churata, al afirmar que los muertos no solo hablan y viven a través de los vivos, sino en el caso de los escritores ya sean poetas o novelistas, hablan y viven (y fecundan, agrego) en los textos que dejan escritos.

José Luis Ayala, estudioso y difusor del pensamiento de G. Churata

Debo también señalar, sin embargo, que el papel de José Luis Ayala no se ha limitado al de un ayudante de cámara -en el sentido asignado a este rol por el filósofo Karel Kosic-, es decir su propósito no ha sido ni es, según creo, mostrar la imagen de un héroe, el del gran Churata, en sus facetas visibles y sus más humanas dimensiones, privadas éstas de sentido crítico por lo que podríamos considerar un desborde de admiración. No, lo que debemos elogiar en el andar, en el peregrinaje indesmayable de José Luis, es el deseo de motivar y avivar el interés social por un pensamiento con fuerza suficiente como para irrigar los predios de la libertad y la construcción de identidad desde el mundo andino. Fruto de esa encomiable entrega, apoyada por otras mentes y corazones igualmente comprometidos, es perceptible que el reconocimiento a Churata se ha incrementado de manera exponencial y cualitativa, aunque sus lectores todavía no sean lo numerosos que sería deseable.

La universalidad de Churata

¿Cómo es que Churata siendo un pensador muy particular, incluso sui géneris, alcanza universalidad? El concepto de universalidad se aplica a elementos o situaciones conocidas y/o utilizadas mundialmente. Con este adjetivo solemos referirnos también a ideas o creencias que se basan en unas verdades válidas para una mayoría o totalidad social determinada. En consecuencia, es posible que existan y, de hecho, existen ideologías con pretensiones de universalidad que se contradicen entre sí.

Con José Luis Ayala en la presentación de "Innata vocación del escritor
Gamaliel Churata" (Foto: Carlos Portugal Mendoza)

El proyecto estético-ideológico puesto en práctica por Churata ha sido elaborado con ideas fundamentales de la cosmovisión desarrollada por las culturas ancestrales andinas y se alimenta también de saberes esenciales de la cultura occidental. Churata ha pugnado por cuestionar la hegemonía excluyente de la cultura occidental dominante, reclamando con lucidez la validez de un pensamiento originario que responde a la realidad en esta parte del mundo. El aporte de Gamaliel Churata es original, de un lado polisémico y, de otro, total, pues cubre con amplitud todos los espacios de manifestación de la cultura. Churata trata de hacernos entender que podemos ser modernos, sin abandonar la tradición. Su opción por una libertad de conciencia que desde lo telúrico y su valoración antropológica se muestre auténtica (Ayala, ibid: 35), es una apuesta heterodoxa que busca romper un sistema cerrado de pensamiento, a la luz de las conquistas conceptuales de la cultura andina que asume como propia. Es así como podemos explicar también la subversión profética de su legado y su innegable valor para proseguir la construcción de una filosofía que se inicia y culmina en la comunidad.

Para Churata lo andino está vivo, vigente, por lo tanto, en constante cambio y construcción a partir y sobre sus propias bases de pensamiento. Eso explica su decisión de escribir en español andino híbrido, esto es en español americano que contiene palabras, conceptos de orden cosmogónico y metafísico, así como una estructura de pensamiento, que provienen de la cultura andina y los distintos idiomas originarios de los Andes.

La universalidad de Churata, en términos de su presencia en la comunidad académica global, es algo que ya se viene produciendo y sus alcances serán seguramente mayores en los próximos años, pues cautivan su estética, su metafísica e incluso su proyecto social libertario. La universalidad de su pensamiento, considerando el valor que posee para orientar el desenvolvimiento de la sociedad a construir desde los pueblos andinos, si bien relativa, es claramente pertinente a las circunstancias y proceso histórico continental.

Dicho esto, hermanas y hermanos en el seno de los Andes, solo resta agradecer a José Luis Ayala su desprendimiento, que a la vez constituye una afirmación de sí mismo, demostrada muy concretamente en su decisión de ya no ejercer el periodismo cultural para dedicarse por completo a Churata, y seguir trabajando para que se le conozca mejor. Churata ha pasado a ser raíz en el árbol milenario de la cultura andina y José Luis es, hoy por hoy, uno de los mejores frutos de ese árbol viviente, un fruto sazonado, de esos que aseguran el vigoroso futuro de nuestros pueblos.

Felicitaciones y gracias José Luis Ayala. Muchas gracias a todos ustedes.

Lima, 18 de julio de 2017.

Referencias:
Ayala, José Luis (Editor)
2017   Innata vocación del escritor Gamaliel Churata. Pakarina            Ediciones. Lima.
Kosic, Karel
1991   El individuo y la historia. Almagesto, Bs. As.


* Comentario expuesto en la presentación del libro Innata vocación del escritor Gamaliel Churata publicado por José Luis Ayala (Casa Museo José Carlos Mariátegui, Lima).


jueves, 25 de mayo de 2017

Harold Alva y la épica del desastre

Rodolfo Dondero Rodo


Épica del desastre, antología que tuve la suerte de recibir de las manos de su autor, contiene una selección de poemas que guardan un orden cronológico, a partir del año 2000 hasta el 2015. Quince años de fructífera producción, que distingue a Harold Alva como uno de los escritores representativos de las letras peruanas en estas primeras décadas del siglo XXI.


Alva es polifacético, y entre otras especialidades, escribe edita y es gestor cultural. Alma de guerrero con su pluma en ristre, evoca con ternura los años en que según su propia confesión, era todavía un púber con aroma a chancaca de los cañaverales del norte, donde luchó a pulso doblegando algarrobos y sembrando sus propios sueños, bajo la guía de su progenitor paterno al que le dedica versos, quizás muy pocos versos, donde exhibe su alma noble traducida en el amor filial.

Se lee en uno de sus poemas (II de Sotto Voce): "Tú eres el vértice/ Los íconos del arca/ El alba que llega/ Como una rosa/ Húmeda y lejana". Abstracto, sensitivo, se manifiesta y exterioriza, dándole forma poética, conforme se avanza en la lectura, a sus peces, sus palomas, sus convicciones e incredulidades, siguiendo pautas del surrealismo decimonónico. 

Deconstruyendo la poética ofrecida por Harold Alva en la “Épica del desastre”, encuentro que surge una secuencia embrionaria en la que el estadío morular se muestra en la primera parte del libro a lo largo de sus poemas numerados del 1 al 10 donde concurren versos, que por sí solos tienen una extraordinaria capacidad de proyección de imágenes.

En seguida observo que, en los poemas del 2006 al 2009,  el embrión poético se alinea constituyendo la blástula, estadío en el que se definen a las células como pluripotentes, es decir capaces de generar cualquier tipo de tejido. Esto es perceptible en cada uno de sus poemas, de dos de los cuales me complazco en citar algunos versos:

PREGUNTO A LOS PÁJAROS POR MI PAÍS:

“…Y yo te busco Perú en este instante
Cuando un insulto es la mano
              que iza tu bandera…”

LAS VÉRTEBRAS DEL FUEGO:

“…Los pájaros que destrozan con sus picos la infamia del silencio…”

“…Y qué es la fuga
Cuál de todas las virtudes es el talismán 
               al que te aferras
Aquí solo sé de esta incertidumbre
                              que calcina…”

“…El exquisito mar que ataca con su brisa
La sonda que sujeta mis huesos
          como un cocodrilo
Como la maligna bestia
                         que reina en mis pesadillas…”

Es así cómo, en esta segunda fase embrionaria de la poesía de Alva, se va posicionando una conciencia poética al estilo de Vallejo. Veamos, por ejemplo, cuando nuestro emblemático poeta dice en su poema LLUVIA: “En Lima…En Lima está lloviendo/ el agua sucia de un dolor/qué mortífero. Está lloviendo/ de la gotera de tu amor…”; Harold Alva, por su parte, en su poema LIMA nos dice: “…Y Lima entera se detiene/ Y Lima entera se inclina frente a tus pasos/ Y Lima entera se conmueve con el filo de tu lengua/ Que parte en tres la dicción del aire/ El rumor de los malecones…”


La riqueza del lenguaje y el uso magistral de la metáfora van por un camino claramente poético en el que destaca la descripción de lo vivido, de lo observado, y algunas veces de las emociones que provoca el acto o suceso en que está basado el empirismo, aquí es donde Harold Alva se vuelve un tributario importante del gran caudal de la poesía contemporánea peruana.

En la “Épica del desastre” se llega finalmente a la tercera fase embrionaria que es la gástrula, en la que se inicia la diferenciación funcional de los tejidos, es decir cuando empiezan a formarse los sistemas, y el poeta hace sentir sus latidos, tanto como sus procesos digestivos, y la actividad de sus neuronas, utilizando para ello un símbolo recurrente, el de los pájaros, seres alados que observan desde las alturas quizás como un corolario de la meta puesta a punto de ser conseguida, y en el que se fundamenta la construcción de los egos, en este caso el del poeta.

En la sección dedicada al año 2012, Harold, obsequia una descripción del paisaje urbano limeño, interrelacionado con sus sentires y sus críticas: “…Me pregunto/ Qué pueden expresar/ Aquellos que no conviven/ Con la locura de alimentar sus propios monstruos/ Sus propias demoliciones/ El mínimo absurdo de sacar el rostro/ Para escupirle a la arrogancia/ De unos versos/ A ese animal que pese al frío/ Todavía se calienta con el pellejo de sus alas…”

Este pequeño ensayo sobre el discurrir literario no es completo como debiera ser, es somero y sin pretensiones, un comentario de quien gusta involucrarse con el arte, a sabiendas que ésta es una manifestación exenta de sentirse inocente o culpable, verdadera o falsa, comprensible o incomprensible… En la página 71 de “La épica del desastre” se leen los siguientes versos: “Nadie conoce el drama de estos hombres/ Nadie la sangre/ Que circula por las llaves/ Que ingresan a sus cuerpos/ Nadie la voz escrita de mi padre/ Que toda la noche a custodiado/ Como hace años/ El sueño de los internos// Lo observo/ Escupe/ Las hélices se mueven/ Como pájaros detenidos en el techo.”


Es para el lector, una prueba que Harold ha sido seducido por la fascinación que provoca versar lo incomprensible.

Es obvio que la criatura anda ya formada, exhibiendo su potencial literario y deja de ser embrión, después del acopio multidimensional que engalana el discurso de cada poema; así ocurre también en la prosa poética que el autor recopila en la “Épica del desastre”.

En el poema Locura, elegido para la convocatoria de Circulandino, Harold Alva aterriza en la locura literaria que acompaña a todo escritor, aquella que proviene de la ficción que es al mismo tiempo la fuente desde donde fluyen las palabras, no es la locura patológica que horroriza a los seres que moran en los manicomio, lo que constituye en todo caso la realidad donde se anclan las obras literarias.

Las ánimas que entran por los ojos, para difuminar la paz, para Jesús G. Maestro constituiría un ejemplo de literatura sofisticada, programática o reconstructivista, por la relación operatoria que se establece entre los términos ideales (las ánimas y el difuminar la paz) y los términos reales (los ojos), en igual forma el gesto de la mariposa establece una relación operatoria entre lo ideal (el gesto) y lo real (la mariposa), y los versos siguientes siguen por el mismo cauce, de la retórica construida sobre sucesivos oxímoron. 

El actor o sujeto poético actúa en primera persona, en base a un proceso que pertenece al pasado “Yo pensé que la locura…” es entonces cómo el poema se convierte en un relato de lo que fue o lo que pensó que era la locura, quedando en la incógnita si ahora piensa igual o diferente sobre la locura, y que como consecuencia de ello, todo el poema se constituya en un solecismo…

24.05.17

sábado, 13 de mayo de 2017

5 VOCES DESDE EL FONDO

ENRIQUE GONZÁLEZ ARIAS, GILBERTO MUÑIZ CAPARÓ, ARELY ARÁOZ VILLASANTE, RODOLFO DONDERO RODO Y RODOLFO SÁNCHEZ GARRAFA, A NOMBRE DEL CÍRCULO ANDINO DE CULTURA, EXTIENDEN UN AMOROSO SALUDO A TODAS LAS MADRES DEL MUNDO EN SU DÍA:








¡FELIZ DÍA MUJERES DEL MUNDO!

Feliz día a las mujeres del mundo, las que no han engendrado y se sienten y cumplen su función de madre, a todas las mujeres que han tenido que tomar decisiones de abortar por la razones que tuvieran y saben el dolor de esa acción, a todas las que han parido y cuidado de esos hijos, a las abuelas que hoy siguen cumpliendo su rol de madre, a las tías que son madres prestadas de un momento en la vida , a las madrinas que son las que aún no tienen su día y debemos recordar .

Gracias MUJERES en nombre de la humanidad !

Enrique González




LA POSTRERA LÁGRIMA
(A mi Madre)

Brotó solemne cuando ya todo había concluido....
Giró preciosa, diáfana, transparente.
Parecía una perla vestida de luz,
Fruto del sentimiento humano;
Símbolo reluciente de la tristeza,
Ejemplo de congoja y conmoción.
En un par de vueltas depositó su cristalina figura.
Lo hizo en el primer surco marchito, sin resuello.
Una de las tantas grietas resecas que encontró en su calle.
Era la última gota del manantial de la estancia,
La extrema nota del Himno de la vida,
El puente roto de la esperanza fallida.
Tal vez su presencia de solemne caridad
Pudo haber servido para humedecer
Aquella escalofriante aridez;
Pero ya era tarde para tal consuelo…
Sólo consiguió virar intacta y atravesar los tajos
Que el cansancio le había dejado en vida al rostro inmutable.
Y siguió su marcha inmaculada.
Presidió su propia pena.
Arrastró su propio duelo.
Con prístino candor se abrió camino
En el largo trecho de la mueca aciaga,
En esa mejilla que ya estaba yerta.
Hija de la entraña madre;
Producto tierno de los sentimientos más fecundos;
Carísimo regalo ungido en el ocaso
Por una mujer que fue retoño de la sabiduría inmanente.
Un ser humano que fundó familia
Y sociedad y Patria.

Julio Gilberto Muñiz Caparó


El PERFUME DE MAMÁ 

Hoy entré a una florería para buscar unas flores que me acerquen a las celebraciones por el día de la madre, como si ellas necesitaran solo un día; y al sentir el tímido invierno que empieza a asomar por las calles de esta ciudad voraz, sentí nostalgia de mi niñez y del lugar donde nací y crecí. 

Cierro los ojos y en alas del viento de otoño lo vuelvo a encontrar, pese a la enorme distancia que nos aleja, lo redescubro apacible y dulce, perdido entre el rumor del rio y la soledad de las montañas que lo rodean y sin apenas darme cuenta empiezo a sentir el olor embriagante de flores silvestres y con más fuerza la visión de los limoneros en flor. 

Sí limoneros.... plenos de flores de azar perfumadas, hermosas y sencillas como la sonrisa de todas las madres al ver crecer a sus hijos. 

Vuelvo a caminar entre los árboles de naranjos y cítricos, que desde siempre, crecen en nuestra casa de aleros azules y que cultivo para ensayar la felicidad que siento al ver a mis nietos jugar dentro de ellos, coger algunos frutos y disfrutar despreocupados su niñez, mientras un trino de nostalgias se apodera de mi alma. 

Un olor fresco a limones expande su perfume entre el pasto verde y siento la profunda convicción de que todas las madres vivas o muertas, jóvenes o ancianas, pobres, ricas, profesionales o analfabetas siempre están en los entresijos del alma, han instalado allí y para siempre sus nidos, huelen a limoneros en flor, a escándalo de jazmines, porque son el único espacio inviolado del corazón donde tienen siempre sus instantes de rosa para perfumar el alma de sus hijos especialmente en momentos de adversidad o tristeza. 

SOLEDAD, Madre amada, Soledad de todos los tiempos, silencios y palabras... gracias.. porque has dejado en tus hijos y nietos y en los míos impregnada tu ternura con la misma fuerza que el perfume de todos los limoneros que tú tanto cuidaste amorosamente y me enseñaste a querer. 

Arely Araoz Villasante 




POR EL DÍA DE LA MADRE 


Un intersticio siempre habrá ... 
si no una ventana
o la puerta grande
por donde entrar al amor de madre.
Ella es luz de color bluyín
sabor a miel y fruta madura
suave brisa que besa el alma
faro permanente en la borrasca
aire en la duda que despeja
siempre es un amanecer
madre que no estando está
dibujando la caligrafía en el andar
Somos todos sus hijos cantores
que cantan sin saber cantar
esa canción de cuna de la madrugada
ese cuento dorado por la fantasía
ese recuerdo de tanto silencioso amor
ya llega en mayo su domingo de fiesta
de fábulas y cuentos… de besos
de enérgicos jalones y reconvenciones
de enseñarnos a rezar para perdonar
Ya llega el día de la madre universal
la que es de todos que aunque no esté
¡siempre está!

Rodolfo Dondero Rodo







MARÍA MADRE

María, madre dulce y cariñosa
siendo niño y aún de joven
                            escribí muchos versos para ti.
Hoy, madre ausente
la madurez me lleva de las manos
y todas mis mariposas vuelan
hacia la luz que encendiste
aquel día
el preciso día en que nací.
Escribo tu nombre y un sin fin
de cosas bellas
bullen en el recuerdo
son tantas que felizmente desbordan
las que podrían hacer ingratas
                                       nuestra vida presente.
Madre, María cariñosa y dulce
quiero decirte que en esta casa me alegra
una niña que será como tú.

Madre, María cariñosa y dulce
jamás se oscurezca tu cielo
nunca se aquieten tus manos
sea benigno contigo el tiempo
y muchos infantes se solacen
                                       cobijándose en tus brazos.
María, madre dulce y cariñosa
no se consuma el calor de tu palabra
ni se detenga tu afanoso trajinar
no haya soledad en el huerto
que nunca dejaste de cultivar.

Rodolfo Sánchez Garrafa



Lima, mayo de 2017.




viernes, 12 de mayo de 2017

POIESIS DE GROVER GONZALEZ GALLARDO*

Rodolfo Sánchez Garrafa


Poiesis alude a todo proceso creativo, mediante el cual el hombre es capaz de hacer que algo pase de no ser a ser. Se entiende que para crear se requiere de conocimiento, por un lado; y, por otro, de técnica, que se aplican mediante una actividad en la que destaca un componente lúdico.


El Génesis explica que en el principio la tierra estaba sin forma y vacía. Yacían tinieblas sobre la haz del abismo, que es cuando Dios dijo: “Haya luz” y hubo luz. Vio entonces que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas, en el primer día de la creación. Es así que al hablar de luz y oscuridad nos remontamos a un acontecimiento primordial que yace en la memoria profunda de la humanidad. Viene al caso señalarlo porque la poesía de Grover González Gallardo tiene una virtud catalizadora y transhistórica capaz de insumir saberes tradicionales, intuiciones, prefiguraciones planetarias y muchas otras manifestaciones que la mente es capaz de generar.

Leamos su poema Poiesis incluido en “El sueño de las sombras” (2016):


POIESIS

La luz se desmorona, borbotea,
Se despoja de su implacable sombra:
Herida, su sangre se sumerge,
Desata raíces, racimos,
Fósiles que laten hasta ser el eco
De sus futuras formas:
¿Quién llora al sumirse en la tierra
Como lluvia de una sola gota?
¿Qué ojos desvanecen las tinieblas,
Estrellas que abominan la atmósfera?

Pero la noche también se desploma,
Se ahoga en un lago donde el fuego
Jamás ha rozado la frialdad
Que parpadea como una incógnita:
Volteo la página y la luz aún persiste,
Serpea sobre las sombras:
La noche regresa intacta, golpea mi alma,
Se marcha tras las huellas dejadas por la aurora.



Este texto, cuyo núcleo es la creación, puede ser abordado, entre otros, desde dos puntos de vista: Uno, atendiendo a la relación que el poeta establece con el mundo natural (cultivo de la naturaleza); y, Dos, en consideración a la manera en que el poeta proyecta su comprensión de la naturaleza a la explicación de su mundo interior (lo que para Platón era el cultivo del alma).

En la primera perspectiva, visualizamos una observación fina de la alternancia entre el día y la noche, entre la luz y las tinieblas. Es que la poiesis no se contenta con repetir lo que es sabido, sino que a partir de ese conocimiento formula una nueva aproximación al entendimiento o a la apreciación de la realidad cambiante.

Es comprensible que la visión de Grover González guarde cualitativa distancia con una mirada maniquea del mundo. Como sabemos el sistema religioso universalista maniqueo, fundado por el sabio persa Mani o Manes (Siglo III D.C.) y que tuvo vigencia al menos hasta el siglo XVII, postulaba un dualismo radical que reconocía la existencia de dos seres o principios supremos fundamentales: la luz (el Bien) y las tinieblas (el Mal), en situación de antítesis irreconciliable. 

En la poiesis del poeta, la luz y la oscuridad son polos opuestos pero vinculados por una relación de complementariedad y no de antítesis irreconciliable. Así, se nos muestra una realidad natural gobernada por ciclos de luz y oscuridad en permanente alternancia, aunque ella devenga de una oposición tensional. Si bien la luz despide a la oscuridad y viceversa, ello no implica eliminación, quizá sí un momentáneo despojo, solo transitorio porque al final ambas surgen indemnes de sus propios residuos. La luz, que herida se sumerge en la tierra, persiste serpeando sobre las sombras. La noche, que se desploma ahogándose en un lago de fuego, retorna intacta por las huellas de la aurora.

Agrego que advierto una simpatía entre la poiesis examinada y la cosmovisión de los pueblos originarios de los Andes, para los cuales el dominio de la noche es el tiempo caliente y el día un tiempo frío. La vida, en esta concepción, es posible gracias a la interacción dialéctica de los opuestos que de una u otra forma se complementan y se sostienen mutuamente.

En la segunda perspectiva, tal como ocurriera con Luis Cernuda Bidou, el poeta español de la llamada Generación del 27, Grover González experimenta de extremo a extremo con la luz y la sombra en su libro “El sueño de las sombras”. Lo que hace es perennizar el movimiento dialéctico con que la admiración por la naturaleza nutre su propia subjetividad. Grover vivencia la realidad y los más acuciantes impulsos, deseos y pulsaciones humanas, pues tanto la realidad exterior como el mundo interno son vivenciados como luz o como sombra. El sexo, la voluptuosidad, los sueños, se expresan como experiencias ora luminosas ora oscuras. No es entonces lo crepuscular el núcleo de su fascinación sino la alternancia misma, magnífica, indetenible, pero también dolorosa y aplastante. Así pues, en esta poesía, el discurso de la naturaleza se vuelca sobre la psique, lo erótico del cuerpo sobre la mente, vivenciada también en su aspecto de luz y de sombra. Al fin y al cabo, mientras uno tenga ojos no será posible mantenerlos cerrados e ignorar las experiencias de luz y de sombra o, lo que es lo mismo, aquellas que dan la forma a todo lo que percibimos mediante la vista.

Ciertamente, todos los objetos de la naturaleza son visibles merced a la luz que en algún momento incide sobre ellos. Gracias a la luz vemos los colores y texturas de los diversos objetos de la naturaleza. De hecho, el color y la textura son propiedades relativas a la luz y no a la sombra. El color no se manifiesta en la oscuridad y para acceder a la forma no hay otro camino que apelar al tacto, de modo que a distancia la forma nos resulta completamente ajena. Sin embargo, debemos considerar que la luz sola tampoco nos brinda acceso a la forma. La forma es un atributo que requiere el concurso de luz y sombra, solo así los objetos de la naturaleza adquieren contornos perceptibles, porque si no hubiera sombras todo sería un resplandor plano de luz, color y texturas. Esa es la lección profunda plasmada en “El sueño de las sombras”.

Hagamos como el poeta, y al voltear la página podremos ver flores abriendo o cerrando sus pétalos. Poetizar es, pues, abrir o cerrar los pétalos de la mente a la luz, pero también al calor de la noche, allí donde esto es posible, que sin duda lo es. En palabras de Grover González, evitemos ser espectros extraviados en la nada, hagamos de la piel una ventana, tengamos los ojos abiertos, y guardemos silencio cuando la noche se desnude.

* Grover González Gallardo (Cajamarca 1971). Poeta, abogado y ajedrecista. Hizo los estudios de Derecho en la Pontificia Universidad Católica del Perú y los culminó en 1997. Es miembro del Liceo Poético de Benidorm, España y del novísimo grupo poético Rara Avis. Su primer poemario “Manantial en el espejo” fue publicado el 2013 por la editorial Pasacalle. Recientemente ha dado a conocer su segundo libro “El sueño de las sombras” (Ediciones Vicio Perpétuo Vicio Perfecto 2016). En la actualidad se encuentra en el proceso de terminar un tercer libro de poemas.


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