sábado, 3 de mayo de 2014

EN EL TIEMPO CIRCULAR: EL VERBO IBA Y VENÍA


Rodolfo Sánchez Garrafa*

La invitación a leer Muyu pacha, me ha dado la oportunidad de efectuar una aproximación anticipada a la poética de José Luis Ayala. Dicho sea de paso, tuve la fortuna de conocer el lado poético de José Luis hace ya muchos años, mucho antes de familiarizarme con su personalidad y su producción multifacética.

Empezaré haciendo una reflexión genérica que considero pertinente a la ocasión, en un tiempo en que se vuelve a hablar de la desaparición cuasi inminente de las lenguas originarias de los Andes. El asunto es que prescindiendo de las preocupaciones por la estandarizarización de la escritura de lenguas esencialmente orales, considero que el fortalecimiento de las lenguas originarias tiene que ver con el enfrentamiento a problemas de baja autoestima y discriminación dentro y fuera el ámbito de la educación formal y quizá, fundamentalmente, del nivel universitario. El fomento de la producción escrita en idioma quechua y aymara es, sin duda, una de las formas simbólicas más claras de la revaloración idiomática, que debe ir acompañada de talleres de lectura comprensiva, redacción y expresión oral.



En este sentido, opino que la ANR al haber auspiciado la publicación de un volumen de poesía en versión bilingüe español-aymara, da una muestra y un mensaje claro de una visión liberada de las taras de la sociedad colonial, criolla excluyente e incluso de una moderna homogeneizadora, para pasar a respaldar de algún modo una perspectiva realmente intercultural.



La universidad peruana, hace tiempo debería disponer de un servicio de política lingüística capaz de impulsar el desarrollo de las lenguas andinas en todas sus funciones sociolingüísticas, en su condición de lenguas oficiales y portadoras no solo de la tradición cultural andina sino de la cultura moderna universal. La publicación de Muyu Pacha nos pone en ese camino.

Dicho esto entro en materia y me atrevo a proponer cuatro puntos desde los cuales se puede dar una mirada antropológica a Muyu Pacha de José Luis:
     
     1.  El ser cholo de Luis Ayala

Considero que en Ayala el calificativo de cholo no tiene que ver propiamente con una supuesta imbricación respecto a un grupo social en proceso de desarrollo que emerge de la masa indígena semi-servil de las haciendas y las comunidades indígenas, tal cual era el concepto antropológico elaborado para explicar cómo estaba configurada la estratificación social peruana allá por los años sesenta.

Nuestro poeta mismo declara ser el segundo hijo de una familia mestiza provinciana compuesta de once hermanos, todos nacidos en Huancané, departamento de Puno, así pues la realidad social nos ubica del lado “misti”, que participa de una cultura urbano-rural provinciana, aunque la autoadscripción identitaria lleve a asumir el ser cholo. Las circunstancias de vida de Luis Ayala le permitieron cultivar una cercanía no solo física sino afectiva con el poblador aymara de su entorno y experimentar tempranamente una interculturalidad de hecho, que más adelante sería objeto de procesamiento intelectual, entiendo primero bajo los efluvios del indigenismo nacional y, particularmente, puneño, y, luego, del examen desde una perspectiva política manifiesta, para responder a la pregunta ¿quién soy? Es así que en su libro “Acto de fe” (1987) nos dirá: Estuve ausente/ Fui a mi infancia y no hallé a nadie/ Recorrí angustiado fronteras/ Y estoy aquí para encontrarme.

El joven José Luis Ayala.
El mestizo provinciano migrante es también víctima de una ausencia de reconocimiento en el polo dominante nacional y sufre la discriminación y exclusión soportada largamente por la población campesina indígena. La conciencia de la hegemonía dominante y consecuente e indiferente exclusión de mestizos e indígenas, lleva a una conciencia revolucionaria y a reconocerse como representante de los subordinados, como la palabra de aquellos hermanos que jamás hablaron en voz alta. Definitivamente Luis Ayala no será un perro pobre que defienda a quienes lo discriminan y discriminan a sus hermanos.

Baste decir que la asunción identitaria del ser cholo, conduce o conducirá a poner fin a la ambigüedad propia de la ideología del mestizaje. El orgullo de ser cholo sobreviene al indigenismo, aunque la conciencia de ser andino, aymara o quechua, sobrevendrá a la choledad. En este sentido, es probable que Luis Ayala sea uno de los últimos cholos de la literatura peruana, actores de su tiempo que sin ser aymaras o quechuas originarios han sido capaces de cantar a los Andes, al altiplano, al antiguo árbol apagado de la cultura andina, y de sublevarse sumándose a las voces de las grandes mayorías. Digamos entonces que como Vallejo, Nieto y otros intelectuales del siglo XX, Ayala no ha sentido pesar por ser cholo, poeta y humano (Aka pachan tukusipana 1988).
    
     2.  El sentimiento de orfandad

En su poemario Wari nayra (1999) Ayala exclama: … huérfano soy/ conduélete de mi llanto. El sentimiento de orfandad o Wakcha kankaña, si bien concierne a la pérdida de los progenitores, se extiende con mayor propiedad a la privación del entorno social, del soporte familiar, en cuanto es la familia extensa o la propia comunidad la que prodiga el ambiente solidario y de reciprocidad ausente en el medio urbano caracterizado por la multitud generalmente anónima.

La migración del campo a la ciudad y la concentración en la gran metrópoli limeña conlleva al desarraigo, con todas sus consecuencias afectivas y emocionales. Para el hombre andino, ser forastero es ser huérfano y por eso el migrante se conduele, más que de su pobreza material, de la carencia afectiva que sufre en un medio ajeno que está obligado a conquistar.


La Iglesia de Huancané.

Ayala dejó su Huancané querido. Sus aspiraciones y capacidad lo llevaron pronto a Puno, la capital del departamento, donde llegó a ser Director de la Biblioteca Municipal, luego migró a Lima y a los 31 años hizo un tiempo de residencia en París. De él ha dicho uno de sus comentaristas críticos que su poesía parece moverse, con movimiento pendular, entre la opacidad del mundo y la transparencia de la palabra; yo pienso que su palabra va y viene. Va efectivamente hacia lo universal, con gran dominio de las formas clásicas y modernas, y viene, viene a su mundo natal acuñando las expresiones con el calor propio de la cultura aymara. Si bien dice no haber escrito por desarraigo, es evidente que no pudo evitar sentimientos de soledad y de inevitable retorno a sus raíces y su cultura.

Emigrar suele suponer un paulatino proceso de duelo, de reconocimiento y aceptación de la pérdida de vínculos primarios y referenciales en la vida de toda persona: la familia, los amigos, la cultura, la lengua. Sin embargo, la sana angustia y desasosiego en el caso de Ayala, ciudadano del mundo, lo impele a la añoranza, a volver para vivir, tal como escribe en Celebración del universo (1976), piensa en su madre, en su casa derruida tras la ausencia, en el horno que les proveía el pan, y llora al revivir el afecto de los suyos.

Autoridad, solidaridad y respeto.


La necesidad social del ser humano alcanza cumbres luminosas en los textos de José Luis Ayala, para quien los congéneres del escenario altiplánico andino conforman parte de un rostro ensangrentado profundamente grabado en su memoria y en cuyo auxilio se esfuerza por retornar venciendo el tiempo y el espacio. Por un lado, están las fijaciones de la infancia que ni lluvia ni fuego borran; y, por otro, la nostalgia por el país ausente que hace crujir los huesos, es decir la estructura misma que sostiene al hombre tangible.
     
     3.  Las resonancias ancestrales o la “cultura híbrida”

En Muyu pacha, el universo poético es efectivamente circular. El poeta vuelve sobre el entorno primario de su vida, natural y social. La realidad es descrita con realismo, poblada de seres de cierto modo primordiales, que sirven de constructos, el ayrampo, las qantutas, el sanqayo, el quirquincho, el lago Titicaca. La muerte social, circunstancial, es definida como una primera “muerte en vida”, aunque podría conceptuarse más apropiadamente como una “vida en la muerte”, pues el poeta conserva, pese al viaje de aislamiento, un yo con el cual identificarse, al cual alimenta con retornos reales o virtuales (Mi casa era pequeña, humilde y provinciana/ lloro por mis hermanos, por mí, por mi casa y por mi madre), pero nada teme porque está convencido que nada es definitivo (Wari nayra 1999). Así decide hablarles a sus hermanos, desde más allá de la vida. En un tiempo circular es posible regresar y él regresa en efecto para encontrar que nada ha cambiado a pesar del tiempo. Tiene la visión de los muertos vivos que deambulan creyendo que siguen vivos, aunque en verdad se trata de un ser vivo que cruzó el mar de la muerte y retornó en balsa en un tiempo sideral en el que se anticipan los ciclos terrestres establecidos de manera circular. Él que no teme a la muerte encuentra, paradójicamente, que a los niños le han quitado el derecho a vivir sin temor a la muerte, encuentra que la realidad se ha trastocado, que falta la lluvia, que faltan las simientes del Estado original que requiere ser refundado.


El poeta entre libros, navegando lagos remotos.

Una suerte de hibridación de estructuras resulta del viaje a la noche, de la experiencia que ha sobrevenido en la vida de Ayala, un proceso que asoma en los frutos de su creatividad individual y del ser colectivo al que se adscribe. Para describir su nueva circunstancia apela entonces a constructos cosechados en su largo periplo y nos habla de metafísica, ecosistemas, era atómica, en un afán de volver a teñir el rostro multicolor del Perú, aunque él también ha cambiado pues ya nunca más será quien fue (Wari nayra 1999).

El patrimonio simbólico del poeta se ha reconvertido y encimando cualquier deseo, ha adquirido más poder, más kamay, por la necesidad de enfrentar lo inicialmente foráneo. Se trata de un proceso de reconversión necesario para desenvolverse en la modernidad, en las nuevas condiciones de lucha.

No obstante, la identidad reconvertida y heterodoxa es auténtica, capaz de asimilar la cultura cambiante de una nación. Su pertrecho simbólico cuenta con una selección de elementos de épocas distintas articulados de manera coherente, innegablemente poética e iluminadora. Es en este sentido, que se plasma mejor el ser cholo de Ayala, su identidad que no es pretendidamente esencial ni ahistórica, sino una identidad que se autoreconoce y reconoce a los otros diferentes.

Su patrimonio se ha enriquecido con saberes y recursos estéticos de otros mundos, cual si hubiera efectuado viajes extáticos y trasado mapas de ámbitos desconocidos y acumulado un saber que sirviera para guiar a los suyos. Hay una evidente fusión de su capital étnico con los conocimientos y miradas multiculturales a las que ha tenido acceso. Se trata de la construcción de una identidad firme, aún cuando no se perciba autosuficiente, capaz de proseguir un desarrollo en condiciones cambiantes de heterogeneidad.
    
     4.  Erosiones del tiempo

El término latino erosio concierne al desgaste que se produce en la superficie de un cuerpo por la acción de agentes externos como el viento, el agua, las explosiones volcánicas, y otros, incluyendo la fricción continua de los cuerpos. En efecto, la erosión abarca todo tipo de cambios, particularmente los cíclicos que ocurren por acción de diversos agentes, como en el caso ilustrativo de los ciclos geológicos. Aplicado el concepto a la esfera de la memoria humana, podemos afirmar que ésta también sufre erosiones, procesos de desgaste por el paso del tiempo que acompaña al natural olvido de los acontecimientos y las ideas originales.

Entonces, el camino o trayecto vital, en otras palabras la historia, hace que las experiencias acumuladas se hagan más o menos difusas, aquellas de la memoria inmediata desaparecen rápidamente, la memoria de larga duración almacena registros de mayor impronta. De todos modos, los recuerdos en sí suelen extraviarse, navegando en aguas lejanas (Pachamama 1986). Algo de esto ocurre con el poeta, que quiere hallar al niño que fue y a los cantos que por entonces llenaban sus días (Jaqi aru 1980) pero la nave atormentada de la infancia ha quedado en aguas y puertos inubicables (Pachamama 1986) y el niño se extravió entre cactus, lluvias y celajes.


Entre cactus y celajes.


La conciencia de tal erosión es motivo de sufrimiento, constituye una verdadera lesión que afecta a la persona, a su corazón en este caso, porque en los Andes la memoria reside en el corazón antes que en la cabeza. La profundidad de la afectación hiere simbólica y realmente la integridad individual y, en Ayala, hace doloroso el oficio de escribir, de cantar, de hilar versos, porque plantea obstáculos, barreras a superar con gran esfuerzo, ya que él mismo sale de la penumbra del subsuelo (Celebración del universo 1976).

Ayala es explícito en su metáfora de la lluvia y el viento como factores de nostalgia primero y de olvido después (Jaqi aru 1980), pero el kamay del que se sabe poseedor lo preserva de sus terribles efectos, pudo resistir a la aculturación y conserva la lengua del pueblo en que vio la luz primera y donde muchos años después le es posible reencontrar a su madre que se asoma a la ventana de la casa familiar (Akapachan tukusipana 1988).

La resistencia al olvido estriba en el amor y en la visión del mundo que adquirió en el proceso de su socialización temprana. En efecto, hay una manera de mirar las cosas, de entender y explicar el mundo, que hace distinto a este peregrino de la palabra. Reconoce los waynos de la niñez, las miradas detrás de la niebla, los afectos recibidos, la ayuda fraterna, la lectura del cielo para pronosticar las cosechas, el lago a cruzar con la muerte, el recuerdo de los antepasados que aún danzan tocando zampoñas (Pachamama 1986), la culebra que rompe los hechizos.  (Wari nayra 1999). Toda la experiencia acumulada se revela ante la injusticia y la barbarie del siglo XX, las voces de las grandes mayorías atormentan y sublevan, adviene la recusación a la metafísica y al poder destructor del sistema capitalista, el camino es entonces la protesta social (Jiwañaxa janiwa wiñayäkiti) y la obligación moral de ganar.

El poeta Ayala en compañía de Rodolfo Sánchez G., autor de este comentario.

Seguro estoy que el llantén le ha devuelto hace tiempo al poeta la ilusión para vivir en el regazo materno que es el suelo natal, pero también en la patria continental, seguro también que José Luis Ayala ya intuye, como nosotros lo hacemos, el renacer de la vida y el regreso de las proteínas esenciales de los antepasados. Con Muyu pacha, el poeta realiza un pago que la Pachamama recibe con beneplácito y rotura la memoria húmeda, donde todos hemos de encontrar el orgullo de ser andinos y constructores del Perú de hoy.


Lima, abril de 2014.




martes, 29 de abril de 2014

Un poeta y la costumbre de llevar anillo en el dedo medio

Rodolfo Sánchez Garrafa

Sobre el significado del anillo, dice Udo Becker en su Enciclopedia de los Símbolos (1996): “En razón de su figura que no tiene principio ni fin, simboliza la eternidad; además representa los vínculos, la fidelidad, la afiliación a una comunidad, de ahí que sea también, a menudo, símbolo de un cargo o de una autoridad (…). En el simbolismo del anillo interviene también la noción de las virtudes mágicas del ® círculo, incluyendo la atribución de propiedades apotropaicas (contra el mal de ojo, por ejemplo), de ahí que se use también como ® amuleto”.


El anillo no es pues un adorno u ornamento más, limitado al valor intrínseco que pueda tener en razón del material de que esté hecho, sino que tiene un valor simbólico relevante. Nuestro gran poeta César Vallejo (Santiago de Chuco 1892 -París 1938), usaba un anillo característico en el dedo medio de la mano izquierda, acaso solo como un caprichoso complemento de su indumentaria usual, pero consciente de su personalidad signada por una extrema sensibilidad puedo tener la casi plena certeza que Vallejo asignó algún valor especial al anillo a que hago aquí referencia.

Que Vallejo llevaba un anillo ya es decir mucho, pero advertir que lo usaba en el dedo medio me lleva más allá de suponer que lo hacía por una mera moda o por adopción de un aditamento de parisina distinción. Para empezar, llevar anillo en el dedo medio supone salvar la natural dificultad de portarlo junto al dedo índice, que es muy requerido en todas las actividades manuales y que exige extrema libertad de movimiento, particularmente para la realización de tareas finas. Un anillo de dedo medio debe, por fuerza y en lo posible, ser liviano y poco voluminoso, de ahí su rareza. Se trata de un anillo poco común, y el de Vallejo lo era más aún, porque llevaba engastada una enorme piedra que desde un principio podemos suponer que fue preciosa o semipreciosa.

El dedo medio, por otra parte, está asociado a Saturno y se juzga muy masculino, además, por su posición central, expresa equilibrio y responsabilidad, constituyendo una permanente evocación del fiel de la balanza. Dado que Saturno conjuga con metales grises, el acero suele ser la opción más generalizada para su confección, pero la plata no desentona para nada, sobre todo en tono de metal envejecido, puesto que enfatiza el equilibrio entre lo masculino y lo femenino entre la luz del día y la oscuridad de la noche.

Los escritos biográficos sobre Vallejo, si bien consignan algunas referencias respecto a la pieza de joyería que nos interesa en este momento, son imprecisos en algunos detalles. Armando Bazán Velásquez, un escritor autodidacta y amigo de Vallejo así como de muchos integrantes de la intelectualidad limeña de aquella época, anota que el poeta portaba un anillo más que precioso, un anillo grande, con un ágata de color oscuro que le había sido obsequiado por un amigo. Según Bazán el anillo era de plata y bastante voluminoso (Bazán 2007).

La información proporcionada por Bazán es cuestionada por Georgette (1978), la viuda de Vallejo, quien afirma que el anillo del poeta llevaba una cornalina de dos centímetros y medio de largo por dos de ancho y no una ágata, señalando en su apoyo que la cornalina tiene un color muy particular.

Es oportuno señalar que tanto el ágata como la cornalina son variedades de calcedonia, es decir, no constituyen minerales específicos, sino que se trata de aglutinaciones de microcristales de cuarzo (silicio), que en el caso del ágata forman bandas de varios colores poco contrastados, mientras que la cornalina presenta inclusiones de óxidos de hierro que le dan usualmente un color rojo y, otras veces, inclusiones de hidróxido de hierro que proporcionan tonos más claros tirando a rojo-anaranjado pálido. Se puede mencionar todavía un cuarzo similar a la cornalina, el sardo, que suele ser más duro y oscuro, que puede ir de un color pardo a un oscuro intenso, casi negro.

El ágata fue muy venerada por los antiguos y se le consideraba como la piedra de la ciencia. Por su parte, la cornalina, conocida también como Piedra de Sadoine, de la Meca o de Santiago, expresa fuerzas misteriosas del alma y simboliza la sabiduría en algunas tradiciones orientales.

Por alguna razón, seguramente fundada, el Movimiento Cultural Capulí, Vallejo y su Tierra ha optado por otorgar en reiteradas oportunidades, desde el año 2010, la distinción “Ágata del Anillo Vallejo”, legendaria joya de nuestro poeta universal, que se considera plena de poder, mágica y secreta, un talismán con poder vivificador.

Lo interesante del caso es que, independientemente de la forma en que el anillo hubiese llegado a manos de César Vallejo, se da la coincidencia que el signo Piscis al que pertenece el vate tiene al ópalo y el ágata entre las piedra preciosas con las que mejor conjuga, y que el día jueves le es especialmente propicio.

Vallejo tuvo sin embargo una especial fijación de adversidad con los días jueves, y así contradictoriamente tiene la premonición de morir un jueves con aguacero, un jueves testigo de sufrimientos (Piedra negra sobre una piedra blanca).

En diversos textos Vallejo se refiere a la piedra de su signo, el ópalo, aunque no encuentro alusiones expresas al ágata:
“Y a fuerza de volar en vano, te holocaustas en ópalos dispersos” (Deshojación Sagrada)
“Las muertas almas, las que, cual nosotros, cruzaron por el amor, con enfermos pasos ópalos, salen en sus lutos rígidos y se ondulan en nosotros” (Romería).
El ópalo es una piedra semipreciosa muy apreciada en joyería, pudiendo distinguirse dos variedades: el ópalo común de color uniforme y el ópalo noble que presenta juego de colores, debido a la presencia de una gama de plaquitas coloreadas que se desplazan al mover la gema. De manera que el ópalo puede ser negro, gris, blanco, marrón, púrpura, amarillo, naranja, verde, azul-verdoso o incoloro y, en cuanto a su transparencia, puede ser casi transparente y ligeramente opalescente hasta opaco. Es evidente, que Vallejo adoptó el ópalo negro o gris como recurso poético que enuncia una acción sacrificial o un luto rígido y ondulante que sobreviene.


El uso del anillo en el dedo medio o del corazón indica un conocimiento del bien y del mal, y una capacidad para diferenciarlos. Vallejo no lleva el anillo en la mano derecha que usa para escribir, lo hace en la izquierda que de algún modo obedece a otros designios. Escribe entonces:
Hay ganas de... no tener ganas. Señor;
a ti yo te señalo, con el dedo deicida:
hay ganas de no haber tenido corazón.
(Los anillos fatigados)
De modo que el dedo deicida no es el índice que sirve para apuntar o señalar sino el dedo de la balanza que permite enjuiciar a la propia providencia divina. No es el dedo del intelecto sino el dedo de la afectividad el que desde el Monte de Saturno permite explorar lo oculto y procesar la fatalidad, las tristezas y las hondas depresiones anímicas. En Vallejo convivieron la inteligencia viva con una clara propensión a la soledad existencial, y su anillo de ágata u ópalo metafórico así se encargó, al parecer, de remarcar.

Lima, abril de 2014.


Referencias bibliográficas
BAZÁN VELÁSQUEZ, Armando
2007 César Vallejo: Dolor y poesía. Fondo Editorial UAP, Lima.
BECKER, Udo
1996 Enciclopedia de los Símbolos. Edic. Robin Book, Barcelona.
ROBERTS, Mark
1998 Diccionario del Esoterismo. Océano, Edit. Thassàlia S.A., Barcelona.
SÁNCHEZ LIHÓN, Danilo
2010 Las mejores flores para Anatolia Aldave. http://aepa-ancash.blogspot.com/2010/07/las-mejores-flores-para-anatolia-aldave.html. Visitado el 28.04.2014.
VALLEJO, César
2011 Poemas completos. Fondo Editorial UCH, Lima.
VALLEJO, Georgette de
1978 ¡Allá ellos, allá ellos, allá ellos! Editorial Zalvac, Impresión: Perugraph Editores S.A.









domingo, 9 de marzo de 2014

Claro que el quechua tiene futuro

Rodolfo Sánchez Garrafa
La reciente preocupación de Richard Webb por el futuro del quechua, podría asemejar a la del verdugo cuya misión es descargar el hacha sobre la cabeza del sentenciado. Es evidente que no se trata de un legítimo lamento por la presumible pérdida de un patrimonio cultural, tampoco del clamor de un quechuahablante afectado en lo más profundo de su identidad; para ser ecuánimes, nos limitaremos a decir que se trata de un análisis prospectivo, hecho por un economista ex funcionario del Banco Mundial, académico de nota y ahora Director del Instituto del Perú de la USMP, quien nos muestra un escenario posible, un mal augurio, que no necesariamente tendrá que ocurrir.

Cierto que los cambios nunca dejarán de producirse y que los fenómenos lingüísticos ocurren también a gran escala. El español, por ejemplo, parece tener un futuro extraordinario y en unos 40 años podría pasar a ser la primera lengua hablada del mundo, el mandarín es otro idioma con gran predicamento futuro dada la potencia económica creciente de China, y aunque el inglés pierde hegemonía seguirá siendo una lengua internacional importante. Contrariamente, el futuro de otras lenguas, antes consideradas indispensables, es de una subordinación cada vez mayor; los hablantes de lenguas “secundarias” se mantendrán, en la medida en que sus países sean capaces de implementar políticas nacionales de soporte lingüístico, muchos ya lo hacen y no piensan en la extinción de sus lenguas maternas.
En el Perú, los hablantes del quechua suman alrededor de por lo menos 4’705,000 personas, no circunscritas a quienes aprendieron este idioma como lengua materna y teniendo en cuenta que -según el profesor de quechua de la Universidad Nacional de San Agustín, Marcelino Luna-, un alto porcentaje de quechuahablantes oculta que conoce esta lengua. La política censal peruana desde hace ya algún tiempo procura invisibilizar a los quechuahablantes, sean estos monolingües o bilingües, pero aún dándole crédito al 15% de hablantes del quechua como lengua materna en el Perú, a que hace referencia R. Webb, de ninguna manera podríamos estar hablando de una minoría, se trata a las claras de una mayoría étnica, ya que no sabemos a qué multiverso étnico se adscribe el 85% presumiblemente restante de peruanos.
La lengua quechua goza de buena salud en Sudamérica, pese a las adversas políticas lingüísticas nacionales. Se estima que son 12 millones de personas quechua-hablantes en el subcontinente. Tenemos que suponer que cuando la UNESCO hace pronósticos de desaparición lingüística es para llamar la atención sobre el problema e impedirlo, no para preparar las exequias. ¿Estoy en un error?

El idioma es, en efecto, el alma de una cultura, depositario de valores, bla, bla, bla, pero por encima de todo es el núcleo duro de las identidades. Este es el meollo de la preocupación, el darle la bienvenida al desarme histórico de los pueblos excluidos, a la toma de su mayor fortaleza. La desaparición del quechua significaría la pérdida irrecuperable de nuestro ser histórico, pero por fortuna los pueblos podemos advertir cuando está en peligro nuestra propia supervivencia y decidir el camino de defensa más apropiado. ¿No es acaso por pura coincidencia que no se habla ahora de la desaparición del aymara por ejemplo? Hablemos del elector consciente que se avecina, de los pueblos que no van a esperar de esfuerzos oficiales y de la labor solitaria de ONGs que ensayan programas previamente aprobados por el Banco Mundial u otros brazos de cooperación que suele tender sibilinamente el poder. Ciudadanos del mundo, son los propios hablantes de las lenguas quienes decidirán el futuro de sus identidades. Con memoria histórica somos quechuas, aymaras, andinos o amazónicos, sin memoria nada somos. Estamos notificados del terreno en el que va a darse una de las luchas decisivas en los Andes, una en el que el amor a lo nuestro es superior a cualquier arma letal inventada o por inventarse.
Que no se nos engañe, podemos ser quechuas, modernos, alfabetizados digitales, multilingües, nada nos condena a la inmovilidad. Yo amo el quechua ¿Y tú?


viernes, 7 de marzo de 2014

Ideas nada célebres

Rodolfo Sánchez Garrafa
 
No brilla el sol solo durante el día/ Si no quieren los pollitos no van tras la gallina/ y ésta no siempre busca el maíz o el trigo/ Para el lobo la tierra gira sobre el eje de la luna/ Sería bueno saber cuántas guerras se ganaron con plegarias/ El amor es una enfermedad incurable/ El Nuevo Mundo tardará en ser descubierto/ El Arco Iris jamás tuvo una caja de colores/ De hecho/ el mono desciende del hombre/ El diablo no tiene ni pone cachos/ Pronto lloverá de la tierra al cielo/ Cada vez la gente piensa más con los pies.
 
 
Sin probeta no hubieran embarazos prematuros/ Se hará rico quien patente el olor a santidad/ China cierra los ojitos ante el mundo/ Los parques públicos tienen wifi para todo tipo de droga/ Ponemos rejas para encerrarnos con el enemigo/ Los continentes de agua son los mares/ Lloramos por incontinencia/ Los gallos rara vez improvisan en su propia cancha/ No había pan en la caja de Pandora/ El cargo de chivo expiatorio suele estar vacante/ Ya no basta con una escopeta de dos cañones/ El gato pretende ascender de despensero a tesorero/ Si La montaña no viene a mí subiré al funicular.
 
 

miércoles, 5 de marzo de 2014

Proclama de los Nefilim

Rodolfo Sánchez Garrafa

Tiene sentido elevar los espíritus en horas de luz/ cuando la común-unión se hace grata/ y los corazones se huelgan de color/ Más difícil es levantar los ánimos/ desde el obscuro suelo/ en el tracto de un socavón minero/ desde el vaho de una alcantarilla/ o presa del frío extremo/ que cala bajo un puente// Tiene sentido agitar las alas al sol/ alisarlas hasta con extasiada fruición/ Más grave es plegar los ayes/ desde el lecho indeseado de enfermo/ desde el zumbido persistente en el oído afecto/ desde el alterado bombeo de la sangre densa/ desde las ideas borrosas/ empeñadas en dibujar el ser.

 

Yo/ el mágico de los Chorrillos/ me atrevo invocar a todas las potencias/ a todas las fuerzas del cosmos/ a todos los depósitos nucleares/ a la suma de ketes/ quesos/ polvo/ pastillas/ cristal/ y las aparentemente inofensivas botellas de alcohol/ al bolsillo de todos los poderosos/ a todos los pozos sépticos del mundo/ a uniformados/ bautizados y expósitos/ a los pitbulls de cuanta playa privada exista/ a armados/ agentes secretos y comisionados/ a curas no convencidos y fascinerosos de toda laya/ a monstruos/ demonios y diablillos/ a filósofos falsos de toda falsa-edad/ Démonos una oportunidad de abrir un agujero de claridad/ en nuestro ocre toldo/ acabemos con la maldad/ y si esto no fuera posible/ solo si esto no fuera posible/ acabemos con el hombre.
 
 

miércoles, 19 de febrero de 2014

CONTRIBUCIONES RELEVANTES AL ENTENDIMIENTO DE LOS PATRONES DE ASENTAMIENTO ANDINO Y EL CASO DE LA CIUDAD DEL CUZCO

Rodolfo Sánchez Garrafa

Este breve artículo está motivado por dos importantes trabajos que tienen en común, no solo la temática de los patrones de asentamiento andino, sino, además, el de haber sido escritos por arquitectos cuzqueños, con algunos años de distancia entre uno y otro. El primero: Cusco Patrones de Asentamiento (Orígenes del desarrollo urbanístico del Cusco) de Carlos Castillo Venero (1983, 2013); y, el segundo: La Ciudad Inca del Qosqo (2008) que debemos a Sonia Herrera Delgado.

Patrones de asentamiento constituye un concepto-herramienta, primigeniamente ideado para abordar estrategias propias de ocupación humana del espacio y que, en el caso de los Andes, ha sido empleado para identificar y comprender la forma en que la gente se distribuyó o incorporó en el entorno geográfico en momentos históricos específicos de tiempos prehispánicos.

Paqarina. Ilustración de Julio Salazar Monteza

Consecuente con este constructo teórico, Carlos Castillo se propuso y logra mostrarnos un panorama sobre cómo la apropiación del territorio permitió que los múltiples grupos humanos que poblaron los Andes aseguraran la subsistencia de sus integrantes y el cumplimiento de funciones sociales individuales y colectivas. En una perspectiva sinóptica de larga duración que va desde el período lítico, pasando por el arcaico, el formativo, algunos desarrollos regionales y los horizontes panandinos que culminan con el Estado Inka, se detiene provechosamente en el examen de los centros ceremoniales y el papel que jugaron en los orígenes de la vida aldeana y de las antiguas ciudades del área cultural andina, y hace algunos apuntes específicos sobre centros urbanos de culturas del litoral y de los valles interandinos, entre los que sobresalen Wari, Wiraqochapampa y Pikillaqta. La segunda y tercera partes de su libro, que constituyen a nuestro juicio el núcleo de su investigación, se ocupa de los patrones urbanísticos del Cuzco, capital del Tawantinsuyo, y de la “Kancha” como patrón urbano arquitectónico extendido a muchas otras ciudades inkas. Culmina este estudio con un tratamiento del tema no menos importante que atañe al Cuzco Colonial.

El abordaje de Sonia Herrera, si bien complementario a la mirada de larga duración que encontramos en Castillo, va por otro lado. La profundidad de las ideas sobre el acontecimiento fundacional de la ciudad del Qosqo (nombre quechua del Cuzco inka, que se traduce como «ombligo») se sustenta en rasgos materiales verificables pero, fundamentalmente, en registros mitológicos que apelan a representaciones arquetípicas o reproducciones cosmogónicas de un tiempo primordial que el rito se encarga de actualizar y de reeditar cuantas veces sea necesario. Desprendemos del desarrollo propuesto por Sonia Herrera que la fundación o las sucesivas refundaciones de un centro del mundo se ajustaban a pautas de entendimiento y organización de la realidad natural, social y sobrenatural. Cuzco es un anclaje fundamental de la tierra, su rol es hacerla estable y permitir que canalice una fluida interacción entre las diferentes partes o espacios del mundo en la verticalidad y en la horizontalidad. Como espacio liminal, sagrado por excelencia, Cuzco debió haber proporcionado elementos indispensables para una validación del pensamiento andino, una corroboración del carácter vitalizador que el centro tiene para el sistema parental, jerárquico e interactivo del universo, así como una legitimación de su estamento gubernamental.

Inkallaqta. Ilustración de Julio Salazar Monteza

La ocupación de grandes espacios bajo una concepción urbana es, desde luego, compleja y comprende componentes tanto tecnológicos cuanto ideológicos. Vemos que el modo de pensar y ordenar el mundo en la cosmovisión inka se tradujo en la oposición complementaria de mitades, la homologación entre los ritmos de la naturaleza y la vida social, la interpretación sociomorfa de los seres de poder, los criterios de interconexión entre grandes espacios y las relaciones de reciprocidad. En consecuencia, vistos en conjunto los estudios de Castillo y Herrera, nos percatamos de los patrones arquitectónicos y urbanísticos del Cuzco inka y adquirimos también una idea general sobre las connotaciones cosmogónicas y cosmológicas atribuidas a los actos fundacionales en tiempos prehispánicos aún anteriores a los inkas, como puede verse en el caso de Pikillaqta.

Más allá de algunos datos y afirmaciones revisables, los trabajos de Castillo y Herrera constituyen una notable labor de sistematización y reflexión de profesionales nuestros, ambos conscientes del carácter multidisciplinario del campo temático que abordan. No obstante, como es lógico, queda pendiente la absolución de importantes interrogantes y, seguramente, la formulación de nuevas hipótesis. A guisa de mero ejemplo señalaremos que quedan por contrastar patrones de asentamiento en contextos ecológicos diversos, es también clara la urgencia de incorporar el conocimiento de asentamientos en focos poblacionales del altiplano y otros pisos de altura para entender la ocupación tardía de la cabecera de la taza geológica del Valle del Huatanay-Cuzco (Bélisle y Galiano 2010), se requiere impulsar el estudio de circuitos caravaneros en los andes centrales y su probable peso en el horizonte Wari-Tiawanaku, no está suficientemente explicada la magnitud conceptual de la reorganización espacial emprendida por Inka Pachakuti en el valle del Cuzco (Segalini 2009). Naturalmente, la gigantesca tarea que queda por hacer desborda cualquier intento aislado y obliga a la concurrencia interdisplinaria de al menos la arqueología, la etnohistoria, la antropología, la ecología e incluso de la topología, asimilando los mejores avances contemporáneos y la tradición al respecto.

Referencias:
BÉLISLE, Véronique y GALLIANO BLANCO, Vicentina: Ak’awillay: un pueblo autónomo durante la colonización wari en el Cusco. En Revista Andina Nº 50, CBC. Cuzco 2010.
CASTILLO VENERO, Carlos: Cusco Patrones de Asentamiento (Orígenes del desarrollo urbanístico del Cusco). Nedagraf eirl, Lima, 2013.
HERRERA DELGADO, Sonia: La Ciudad Inca del Qosqo. En Rev. Tupac Yawri Nº 1, Atoq. Cuzco, 2008.
SEGALINI, Laurent: Organización socio-espacial del Cuzco prehispánico. En Revista Andina Nº 49, CBC. Cuzco 2009.


martes, 14 de enero de 2014

Al fin y al cabo

                   AL FIN Y AL CABO

                         Esta lluvia de verano sobre techos planos
                         es una lluvia limeña sin ternura
                         Esta lluvia de verano llueve en la piel
                         desde dentro toma mis manos
                                                          y me aprieta el cuello.
                         Me resisto a su ataque
                         cierro los ojos y por un momento
                         el alma de Cracovia me acompaña.

                         Me siento bien entonces Kasimierz es
                         amable y me acoge en su sala de estar
                         Me abandono al ambiente
                         grabo su amigable elegancia
                                                       dejando que mi mente
                         discurra a discreción.

                         De a poco la lluvia de verano entra
                         en calma su resuello imperioso
                                       se relaja   mientras sin premura
                         respiro las polonesas de Chopin.
                         El aire de la tarde me oxigena
                         en la húmeda yema de los días
                                               soy su último amante al fin
                         y al cabo soy su confidente.




L.14.01.14.


ZEIN ZORRILLA Y LA POLÉMICA DEL INDIGENISMO Y DEL MESTIZAJE

  Juan Carlos Lázaro “Ni hispano ni indígena, sin embargo, ambos a la vez” (1), es el más reciente título de Zein Zorrilla que forma parte d...