viernes, 7 de junio de 2013

“QUEREMOS QUE LA PALABRA QUEDE CINCELADA EN PIEDRA Y POR ESO HACEMOS LIBROS”

Entrevista a Rodolfo Sánchez Garrafa hecha por Kelly Huamán el 06.06.2013, a propósito de la próxima presentación del poemario “Séptima Columna”.

¿Cuál es el último libro de poesía que has escrito y presentarás próximamente?

Titula Séptima Columna. Este es el cuarto libro que publico y es muy particular comparado con los anteriores. Mis otros tres libros de poesía se escribieron a lo largo de mucho tiempo, de toda una vida, en el campo o sobre el terreno, por doquiera que anduve, pues soy antropólogo de profesión. Diría que Séptima Columna es un libro más reflexivo, pero escrito paradójicamente de forma rápida, con la mediación de los recursos digitales que nos permiten interactuar en amplias redes sociales, trabajando e intercambiando ideas a una velocidad diferente.

El nombre de Séptima Columna es un recurso simbólico, quizá no tan críptico como pareciera. He pensado una columna con registros iconográficos. Leer lo que está escrito en esa columna es una tarea que acometo con placer, con dolor, con temor y con múltiples emociones.
¿Dónde se encuentra la génesis de tu creación?
En la juventud, lo fundamental de mi creación poética daba cuenta de la experiencia cotidiana, la observación de la realidad inmediata y la preocupación por hechos que si bien los sentía como avasalladores, impactantes e incluso dolorosos, todavía eran para mí lejanos y distantes en el tiempo. Los años más avanzados me han aproximado a niveles de reflexión abarcativos, en los que cuestiones como la vida y su opuesto, la muerte, encuentran lugar desde una mirada más filosófica o metafísica y, en lo artístico, más lírica y personal. Veo la vida como un viaje y procuro alcanzar cada vez más una mirada de conjunto sobre ese trayecto.

¿Consideras que hay influencias en tu poesía o más bien son versos libres sacudidos de influencias?
Un poco de ambas cosas, porque las influencias son inevitables y diría también necesarias, se hallan entre los indicadores del progreso o maduración de la obra poética. El que escribe tiene que estar situado en un contexto amplio, emocional y actitudinal, hablando socialmente, pero esto no impide la individualidad. 


Quiénes te conocemos siempre te hemos visto con un libro entre las manos. ¿Cuánto tiempo dedicas a escribir y leer poesía?
En los tiempos libres de este último año me he refugiado, como nunca antes, casi exclusivamente en la lectura y la escritura de poesía. Acometer otro tipo de lectura sostenida se me ha hecho relativamente difícil por la exigencia de mis labores cotidianas. No dejo de leer textos de ciencias sociales, pero leer poesía es para mí más que gratificante, es un placer, un gozo.

Leo rápido, a veces vuelvo sobre una lectura después de mucho tiempo, porque necesito reflexionar con alguna profundidad sobre las huellas que han quedado impresas en mí en el curso del camino andado.

Escribir poesía no me ha demandado mucho tiempo últimamente. No creo que se trate de una habilidad excepcional sino de haber descubierto la forma de aprovechar ciertos recursos de nuestro tiempo, que lejos de ser antagónicos de la creatividad pueden sumarse con alguna ventaja a nuestros más íntimos propósitos.


Afortunadamente, puedo considerarme como un alfabetizando digital. Muchos de mis contemporáneos no han llegado a acceder a la tecnología del siglo XXI o se han sentido incapaces de una necesaria reconversión instrumental y conceptual.

Mundos imaginarios u oníricos eran antes parte de una realidad puramente mental, pero hoy son parte de una realidad casi tangible a la que es posible acceder a discreción.

Publicar puede ser una odisea para muchos escritores. ¿Cómo te ha ido, existe algo pendiente?
Todo llega a su debido tiempo. Si de publicar poesía se trata, lo he hecho tardíamente, aunque mi primer libro en antropología se publicó cuando apenas había dejado de ser estudiante universitario. Tengo claro que si uno escribe es para que otros lo lean, esa es la motivación de un libro.

Tengo proyectos en mente y tareas inconclusas. No avizoro una producción poética publicable en el corto plazo, porque quiero evitar el peligro de ser circular y repetitivo. Entre tanto, trataré de encontrar un ritmo de trabajo lo más espontáneo posible. Me agrada incursionar en textos narrativos brevísimos pero, ciertamente, no me animo a incursionar en otros géneros literarios ya que no creo estar preparado para eso. Por otro lado, me espera la investigación antropológica que no he abandonado pero que requiere más atención de parte mía.

Vas a presentar tu libro ¿dónde? Estamos invitados…
Por supuesto, todos mis amigos y amigas están invitados. Espero que participen las personas que más aprecio y ojalá puedan llegar los que están lejos. Confío en hacer la presentación de este libro a fines de junio, junto a otro que titula “Paralelo 70”. Será una presentación por partida doble.

¿Qué tan fácil o difícil es ser poeta en el Perú?
Considero que ser poeta, en el sentido de vivir como poeta o vivir de la poesía, siempre ha sido difícil, a mí me falta mucho para considerarme como tal. Visto desde otra perspectiva, siempre habrá oportunidad de hacer poesía para quien sienta el impulso de crear, hay que estar atento a la oportunidad y aprovecharla. El que siente el llamado de las musas, debería considerarlo en serio, contra viento y marea.

¿Recomendarías otras publicaciones que conoces de escritores poco conocidos?
Hay una lista muy larga. Como te decía, en este último año he leído poesía con avidez, por necesidad espiritual y por terapia. Leer poesía, escuchar buena música, es parte indispensable de la calidad de vida, felizmente esto es algo que hoy lo podemos procurar.

Cada vez que he leído me he alejado bastante de los escritores conocidos, consagrados, para encontrarme con una cantidad de personas, hombres y mujeres, que han hecho libros con una maestría digna de admiración. Puedo recomendar muchas lecturas poéticas a quien tenga real interés en este acercamiento.

Muchos se limitan a difundir su producción por medios digitales, pero los que llevamos unos buenos años encima tenemos un defecto: queremos que la palabra quede cincelada en piedra y por eso hacemos libros. 


martes, 4 de junio de 2013

Paralelo 70

Pamela Medina García

Paralelo 70 es la línea o ruta que recoge el periplo de una experiencia vital a través del tiempo (¿quizá setenta años?). Rodolfo Sánchez hilvana temas como la infancia, la familia, la provincia o el amor en un tejido mayor dispuesto en retazos de una historia que se acerca a su fin o anuncia su ausencia.

La preocupación por edificar la vida en la escritura, porque “El tiempo no pasa para la palabra escrita”, se convierte, desde el primer texto “Haykuna” y el último “Kacharpari”, en su impulso generador. Esto se revela en el sumario de poemas y microrrelatos que recorren pasajes cotidianos, presentan personajes entrañables (la señora Toya, la abuela árbol) y construyen imágenes poéticas (la noche, la tarde, la tierra) sobre las cuales el autor va proyectando sus emociones, sus miedos y desafíos, como el ocaso de la vida en “Cuando la tarde dobla” o la aversión por la tierra en su plan devorador y morada de los cuerpos muertos, a la que conjura en “Tierra carnívora”.

Rodolfo Sánchez Garrafa, autor del poemario.
 
Así, Paralelo 70 es también un inventario vital con piezas de largo aliento que revelan tanto muerte y vida como dos líneas paralelas cuyos bordes el autor dibuja y desdibuja para desvanecer no solo sus límites, sino al mismo tiempo (en paralelo) sus propios temores y aversiones ante una amiga “que hace también su propio camino”. En suma, una construcción de arte poética, ritualidad y magia.
 
N. de E.: El poemario "Paralelo 70" será presentado en Lima a fines del mes de junio en curso, junto con el libro "Séptima Columna". Para el mes de agosto se tiene prevista una presentación de ambos volúmenes en la ciudad del Cuzco.
 

domingo, 12 de mayo de 2013

MARÍA






















MARÍA

María, madre dulce y cariñosa
siendo niño y aún de joven
                            escribí muchos versos para ti.
Hoy, madre ausente
la madurez me lleva de las manos
y todas mis mariposas vuelan
hacia la luz que encendiste
aquel día
el preciso día en que nací.
Escribo tu nombre y un sin fin
de cosas bellas
bullen en el recuerdo
son tantas que felizmente desbordan
las que podrían hacer ingratas
                                       nuestra vida presente.
Madre, María cariñosa y dulce
quiero decirte que en esta casa me alegra
una niña que será como tú.

Madre, María cariñosa y dulce
jamás se oscurezca tu cielo
nunca se aquieten tus manos
sea benigno contigo el tiempo
y muchos infantes se solacen
                                       cobijándose en tus brazos.
María, madre dulce y cariñosa
no se consuma el calor de tu palabra
ni se detenga tu afanoso trajinar
no haya soledad en el huerto
que jamás dejaste de cultivar.


Rodolfo Sánchez Garrafa (Paralelo 70, 2013).



viernes, 12 de abril de 2013

Ayavaca con “V” de verdad*

 
A continuación encontrarán un muy bien argumentado artículo. Para su autor la forma correcta de escribir el nombre de una de las provincias del departamento de Piura es "Ayavaca". Muchos estarán de acuerdo con esta tesis. Nosotros somos partidarios de los extremos: Ayabaca, conforme a la regla de la costumbre o, mejor, Ayawaka, recurriendo a la fonética del quechua. En el caso de Cuzco seguimos el criterio del lingüista Cerrón Palomino para escribir en español y optamos por Qosqo cuando queremos relievar el nombre quechua original. Sin embargo, a futuro, será la práctica social de los "Ayawaka runakuna" la que decida cómo es que hay que escribir el nombre de su tierra. N.R.
 

Escrito por Raúl Zevallos Ortiz**

Entre los Ayavaquinos existe un viejo debate acerca de la forma correcta de trasladar a la escritura en castellano, el nombre quechua de Aya Waka. Las propuestas más conocidas son aquellas que sostienen que dicho nombre se debe escribir con b (Ayabaca), y las que argumentan la necesidad de escribir con V (Ayavaca). Como hijo de la misma provincia quisiera aportar algunos datos adicionales para la reflexión sobre este tema.
 

Con b grande
Una de las mejores defensas a favor del uso de la b grande (Ayabaca), la ha hecho el lingüista español Carlos Arrizabalaga1, quien admite que el quechua no tenía consonante labial /b/, sino una semiconsonante /w/ que en castellano solamente aparece en diptongos (por ejemplo ua, ue, ui). Es por eso, dice Arrizabalaga, que la pronunciación quechua se conserva en palabras que han pasado al castellano como huaco y guagua. Luego señala algunos ejemplos históricos que supuestamente avalarían el uso de la b grande para castellanizar aquella semiconsonante andina /w/ en la escritura de nombres como Carabaya (Karawaya o Kallawaya) y Atabaliba (Atawallpa).

Una primera comprobación necesaria, antes de exponer nuestras razones, distintas a las del señor Arrizabalaga, es que los ejemplos que el menciona son corrupciones de la escritura a partir de apuntes apresurados que no reflejan la pronunciación de origen y que por tanto, disminuyen o le hacen perder todo el sentido a la expresión. Tal vez esto no tenga mucha importancia entre la comunidad de hablantes y usuarios que reciben un término ajeno y lo incorporan a su idioma, adaptándolo para su uso; es decir, para los españoles en España, podría tener poca relevancia la manera de escribir un nombre como Atawallpa, pero para los usuarios del español cuyos idiomas ancestrales son la fuente de origen de aquel vocablo, un nombre como “Atabaliba” no significa nada y su escritura debe ser rechazada, para adoptar una alternativa que no violente las raíces y el significado de la palabra. En ese caso, escribir Atahualpa, es una forma de mantener el valor fonético del término original, sin salirse de las normas del idioma español.

Podemos encontrar la misma semiconsonante andina /w/, que forma parte del nombre de Aya Waka, en numerosos ejemplos, ampliamente conocidos, de otras palabras que han pasado al castellano mediante el uso de la G o H, manteniendo la pronunciación original: Guayaquil, Guayacundo, Guayacán, Guayusa, Huamba, Huarinjas, Hualcuy, Huancabamba, Huancayo, Huamanga.

Arrizabalaga reconoce que en muchos documentos de la época colonial –sobre todo en los primeros-, el nombre de Aya Waka se escribe Ayavaca, pero otras veces aparece como Ayabaca; estos cambios los atribuye simplemente a las vacilaciones gráficas frecuentes en aquellos tiempos. Luego concluye que la forma adecuada sería Ayabaca porque así lo ha consagrado el uso administrativo de los últimos años y porque la razón consuetudinaria es la que vence en estas cosas.2
 

Con V y con U
En realidad, los argumentos de Arrizabalaga no solo resultan muy discutibles sino que son sumamente frágiles. En primer lugar, no es cierto que la única forma de castellanizar el sonido /w/ del quechua –o del aimara-, sea mediante una b grande; hay ejemplos notables, de palabras andinas sumamente significativas, que se han castellanizado con la V de virtud: Willka, uno de los nombres del Sol, ha pasado a ser Vilca, y se conserva en numerosos apellidos y en nombres de lugares como Huancavilca, Vilcanota, Vilcabamba, Huancavelica y Marcavelica. Asimismo, Wirakocha ha pasado a ser Viracocha, Callhua se ha transformado en Calvas, Utawalu vino a ser Otavalo  y el jarawi o yarawi, se convirtió en yaraví. Por cierto, con estas referencias no hacemos más que desarrollar algunas ideas similares presentadas por Germán Leguía y Martínez hace muchos años. 

Una forma sencilla de trasladar el nombre quechua de Aya Waka a la escritura del castellano, conservando su pronunciación, fue adoptada por Guaman Poma de Ayala, quien en su lista de tambos del camino Inca, incluye el Pueblo y Tambo Real de Aya Uaca3 (escrito con “U”).

Ahora bien, existe una antigua convención de escritura derivada del latín, que se puede observar en muchas inscripciones: LVX (luz), VRBE (urbe, ciudad), ADVOCATVS (abogado), AMICVS (amigo), AQVA (agua), VIRTVS (virtud), PLVS VLTRA (más allá). De acuerdo a esta usanza, la U se escribe como V, pero se pronuncia como U; esta práctica se mantenía en la antigua ortografía española, donde se escribía “V”, sabiendo que se debía pronunciar como “U”, lo cual nos da una referencia histórica y lingüística de que el idioma castellano ha admitido el intercambio de la U” y la “V”, en su escritura. A eso se debe que en la lengua de Cervantes, las letras “U” y “V” se hayan usado indistintamente hasta muy entrado el siglo XVII.
 
Los primeros españoles que debieron registrar en su idioma el nombre de Aya Waka, lo escribieron con “V”, (Ayavaca), lo cual dejaba abierta la posibilidad de pronunciar la “U” de Ayauaca, sin violentar la grafía del castellano, donde no se escribe esas tres vocales juntas (aua). Posteriormente, otros escribientes, menos cuidadosos, remplazaron la “V” de verdad, por la b de banalidad.
 

La Real Academia de la Lengua Española, al explicar los antecedentes del uso de la “W” en la escritura del idioma castellano, indica que se usa en voces que proceden de otros idiomas, a veces con sonido de /u/ semiconsonante (como es el caso de Washington o Aya Waka), y a veces con sonido de /b/, según el origen. De manera más específica, con respecto a la incorporación de palabras foráneas con la grafía w, la academia dice que, cuando esta grafía proviene de una u semiconsonante, como en Washington, dicha pronunciación se conserva (y se mantiene la w en la escritura), mientras que “en palabras totalmente incorporadas al idioma es frecuente que la grafía w haya sido reemplazada por v simple”4 y la academia proporciona los ejemplos de vagón (procedente de wagon), vals (derivado de waltz), y vatio (que proviene de watt). Es decir, cuando la grafía w, se pronuncia como /b/ en su idioma original, el español la asimila escribiéndola con V, y cuando es una u semiconsonante, se mantiene la pronunciación y la escritura, no se la violenta inventándole un sonido que no tiene en su origen; en el caso de Washington, no se dice ni se escribe “BASHINGTON”.5

Al señalar que este es un uso frecuente, la Academia está indicando lo que es consuetudinario para el idioma español en general, en casos relacionados con la adopción y escritura de palabras extranjeras con un sonido como el de la semiconsonante andina /w/. Esto es lo admisible, usual y razonable en la lengua española y viene a ser lo mismo que, para el nombre de Ayawaka, han sostenido varios ayavaquinos ilustres, como Florentino Gálvez Saavedra y José Ignacio Páucar Pozo.6

Por último, la pronunciación popular del castellano actual, en Ayavaca y en todo el Perú, no hace distingos entre b grande y V chica, por lo tanto, la b grande no tiene en este caso ninguna ventaja o “razón suficiente” para imponerse en la escritura, porque no refleja una modalidad de pronunciación diferente. Arrizabalaga sostiene que el uso administrativo de los últimos años y la práctica “consuetudinaria” son razones suficientes para escribir Ayabaca con b grande, pero este argumento también resulta sumamente dudoso, porque históricamente, la gran mayoría de la población ayavaquina no ha tenido muchas ocasiones de escribir el nombre de la provincia.7 Las dudas se han producido sobre todo entre los minoritarios escribidores y escribientes, no siempre conocedores de su oficio, y el hecho de que el error haya sido usual o consuetudinario entre ellos, no lo convierte en norma deseable.
 
Durante más de trescientos años fue consuetudinaria la esclavitud en el Perú, ¿significa eso que debía mantenerse? El régimen colonial fue consuetudinario a lo largo de tres siglos, pero cuando se produjo la independencia, lo que era consuetudinario cambió. Es lo mismo que posiblemente ocurrirá con la escritura de Ayavaca, si así lo deciden el pueblo y las comunidades involucradas.

Ciertamente, lo mejor será retomar el nombre en su pronunciación original, ya sea que se escriba con “G”, como lo hizo el cronista Bernabé Cobo (Ayaguaca); con “H”, como lo hicieron Blas Valera y Garcilaso (Ayahuaca); con “U”, como lo escribió Guaman Poma (Aya Uaca), o con “W” (Ayawaka), de acuerdo a las convenciones de escritura del quechua. La única alternativa que no tiene justificación histórica, fonética o racional, es la de forzar la escritura de Ayavaca endilgándole una b grande que no corresponde.

NOTAS:
1. Carlos Arrizabalaga: “¿Ayabaca o Ayavaca?” Diario Correo. Piura, 25/11/04
2. Germán Leguía y Martínez: Diccionario Geográfico, Histórico, Estadístico, etc. del departamento de Piura. Tipografía “El Lucero”. Vol. I. Lima, 1914     
3. Felipe Guaman Poma de Ayala: El primer nueva corónica y buen gobierno (1615/1616) (København, Det Kongelige Bibliotek, GKS 2232 4°)
4. Real Academia Española: Diccionario de la lengua española. (DRAE). Vigésima segunda edición. Espasa-Calpe. Madrid. 2001.
5. El uso escrito de la letra b tiene sus propios espacios y funciones, completamente respetables, incluso cuando se utiliza erróneamente. César Vallejo tuvo versos elogiosos para la “b del buitre” trazada en el aire por las manos optimistas del obrero Pedro Rojas, para escribir “¡Viban los compañeros!”, en el contexto de la guerra civil española. Sin embargo, la licencia poética no se puede aplicar a nuestro caso. Vallejo saludaba la ruptura simbólica de las reglas ortográficas y gramaticales, equivalentes a las reglas torcidas de una sociedad que hacía falta enderezar. En ese marco, la falta ortográfica de Pedro Rojas, síntoma de las carencias del estado que no supo educarlo, es también un signo de autenticidad y de pureza. Allí no importa la ortografía, porque se está luchando por algo más valioso. En el caso de Ayavaca, los que defienden el uso de la b postiza, no son precisamente poetas ni proletarios y es muy dudoso que quieran sumarse a las filas esperanzadas del obrero Pedro Rojas.
6. Miguel Saturnino Zavala: Caminos y Pueblos de la Antigüedad. Piura, 1847. Cámara de Comercio y Producción de Piura. Piura, 1993.
7. La provincia de Ayavaca comprendía originalmente los territorios de la actual provincia de Huancabamba y una gran parte de la provincia de Morropón.

*   Publicado en el Suplemento Semana. Diario El Tiempo Piura 25/03/07. Reproducido también en el libro “Voces y reflexiones ayavaquinas” de Teodoro García Merino. Centro Raíces. Piura, 2007
** Comunicador, cineasta y antropólogo. Profesor en la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. // Estudiante de doctorado en antropología visual, Universidad de Manchester.


domingo, 24 de marzo de 2013

Samanga para el Perú y el mundo

Escrito por Wilder Jaramillo Hualpa*

Sol radiante. Día viernes 8 de marzo de 2013. Quien escribe no recordaba ya con exactitud las muchas veces que había caminado por los mismos lugares, observando el verdor del valle interandino de Samanga, contemplando las mismas aves y escuchando sus lindos cantos. Los mismos cerros encerrando sus misterios; aspirando esa fragancia a agua, tierra, raíces y hojas de las plantas y observando fascinado las muchas piedras con grabados. Añorando tiempos lejanos, recordando tiempos de lluvia cuando las gotas estremecían las tejas puestas en los techos de las viviendas con unos sonidos descompasados y muy fuertes. Podía ser de noche o de día, era igual, y se podían oír truenos a lo lejos, quizá en el lado ecuatoriano o por el cerro Mayordomo, retumbando e imponiendo respeto.

Gladys Nole, directora de la Institución Educativa de El Toldo caminaba junto a un grupo de niños por los terrenos del señor Eusebio Girón limpiando los caminos de acceso a los Petroglifos y dando respuesta a la incesante carga de preguntas de los niños sobre el significado de la llamada “piedra de los pies estilizados”. Algo complicado explicar la función, mensajes y significado de los monumentos con litograbados. Lo mejor es obviar sutilmente la respuesta y girar hacia las leyendas, ¿por qué no hacerlo? La leyenda sobre el Kuraka descalzo de Samanga que de tanto pararse sobre una piedra para observar a una hermosa doncella que vivía con su viejo padre en el cerro La Cruz termina por dejar estilizados las huellas de sus pies en la larga piedra, es interesante y merece ser narrada.


Pero no solo es la directora de la Institución Educativa y su grupo de alumnos del cuarto grado de primaria que están realizando acciones de conservación de los Petroglifos. También la acompañan otros docentes, aunque cada uno de ellos y ellas en otros sectores de El Toldo con su propia brigada de alumnos, reconociendo y valorando la comunicación visual de mensajes probablemente de tipo religioso de nuestros antepasados.

Milton Abad Chamba y otros nueve amigos de El Toldo nos acompañan. De Ayabaca hemos llegado seis personas: Adalberto Troncos Troncos, Alex Pintado Reyes, Amelia Herrera, David Huacchillo, Rodrigo Carpio y mi persona. Somos dieciséis personas que integramos la familia del CETPRO de Ayabaca, del curso de “Atención al Turista y Conservación del Patrimonio”. El interés que nos mueve a todos es uno: Identificar, valorar y conservar los recursos arqueológicos y naturales de nuestra Ayabaca.

Ellos caminan a mi lado mientras a mi mente las palabras del estudioso ayavaquino Raúl Zevallos Ortiz me caen como los rayos del sol. Teniendo presente que la tierra es nuestra madre y que esta viva. Y que para curarse de ese olvido, uno debe salir a caminar, con el cuerpo y con la mente, para reconocer la sangre de la tierra en el agua que bebemos, para sentir en las piedras, los propios huesos de la tierra, para llenar los pulmones con el dulce aliento de la madre tierra, y para sentir que nuestros latidos son la vida que ella nos regala; para entibiar el alma con su calor y su fuego, que se enciende con el sol.


Sabemos que no solo las malas noticias se deben difundir. Y también perfectamente sabemos que falta muchísimo por hacer para el cuidado de los Petroglifos. Pero para ello tienen que pronunciarse las autoridades competentes. Y si es verdad que gente inconsciente  - niños quizás, o algún visitante - se han atrevido rayar algunos piedras con grabados; es también digno de reconocer que muchas personas están apostando por el cuidado de los recursos turísticos de nuestra provincia. Empezando por los moradores de El Toldo quienes han formado un comité de “Gestión del Patrimonio Cultural y Turístico”. Del interés del señor Rafael Sime Méndez, director de la Dirección Regional de Cultura de Piura. De la buena visión del director de la UGEL de Ayabaca, Mg. Luis Llacsahuanga Granadino, y del director del CETPRO de Ayabaca, Prof. José Gilberto Granda Gálvez, quienes preocupados por la conservación del Patrimonio Cultural y Natural de Ayavaca dieron apertura al modulo de “Atención al Turista y Conservación del Patrimonio” en el Centro de Educación Técnico Productiva de Ayabaca.

El Toldo de Samanga y las enigmáticas piedras con dibujos esperan a los turistas para que admiren la comunicación ideográfica de conceptos simples o complejos simbolismos religiosos por medio de figuras y simbolismos remitiéndonos a un ámbito filosófico complejo como es el del dualismo andino.

La piedra de los pies estilizados y la laguna prieta
La primera pregunta que nos conduce a la leyenda de origen de la Laguna Prieta, tiene sus huellas en las conversaciones de una tarde, realizadas en medio de la majestuosidad del valle interandino del Samanga. Me encontraba reunido con los alumnos del módulo de “Atención al Turista y Conservación del Patrimonio” y con un grupo de comuneros observando la belleza y el verdor del valle, cuando pregunté, como quien da un paso a tientas en la oscuridad: -¿Qué sabemos de Samanga, de su antigüedad?

Uno de los presentes responde: -“Samanga es una comunidad arqueológica donde se encuentra uno de los mayores complejos de petroglifos del Perú. La cosmovisión de nuestros antepasados está grabada en esas inscripciones en piedra que representan sus conocimientos sobre la naturaleza y el hombre, sobre el tiempo y la astronomía”. La respuesta parece correcta, pero tiene un poco de frialdad, le falta el calor y la voz del terruño.


Caminamos hasta llegar a la “Piedra de los Pies Estilizados” y ahora tenemos una segunda pregunta más directa: -¿Cuál puede ser el origen de este dibujo en la piedra?

Contesta don Sérvulo, hombre alto, blanco, de ojos grandes y pelo negro:
-“En lo que actualmente es el Toldo de Samanga, vivió un venerable Kuraka, jefe de los antiguos Samangas, quien alternaba el pastoreo, la casa y la escritura en la piedras. “En aquellos tiempos, a la hora en que el sol empezaba a mostrar su presencia, el curaca aprovechaba ese instante de luz para mirar con asombro a una hermosa joven que habitaba con su padre en el Cerro La Cruz. Cada día que pasaba, la joven embellecía más y más, mientras parecía aumentar su indiferencia ante las atenciones de aquel curaca enamorado. Un día, la bella mujer se enteró que existía un arreglo para hacerla casar con su pretendiente, entonces decidió abandonar su hogar y se dirigió corriendo como una veloz gacela hacia las desérticas pampas de Huamba.
El curaca resignado y sumiso, volvía todas las mañanas y se mantenía de pie por largas horas, sobre la misma piedra alta y larga que anteriormente había sido su punto de observación, desde donde podía ver a su doncella que habitaba al pie del Cerro la Cruz. Se dice que la presencia prolongada del curaca en ese lugar llegó a hundir la piedra, dejando impresas las huellas de sus pies para toda la eternidad.
El cerro La Cruz es conocido hasta la actualidad, pero nadie ha vuelto a ver a la bella fugitiva. La piedra donde el curaca se mantenía de pie continúa en su lugar y hasta hoy muestra las huellas dejadas por el Kuraka enamorado”
La hermosura de aquella joven legendaria también nos seduce, queremos buscarla en la memoria de la gente y preguntamos ¿qué fue de la doncella?


Ahora, es el presidente de la comunidad, con su poncho marrón cortito, sus ojotas viejas y su pantalón azul parchado el que responde, levantando la mirada del plano que marca los linderos de Huamba y Samanga:
-“Ella era una mujer bellísima, no hay palabras para describir su belleza. Era alta y caminaba con la gracia de una gacela, tenía el cabello como los rayos de sol y su piel reflejaba la luz como la luna. Sus ojos tenían el color de las hojas tiernas de las plantas, toda  ella era perfecta, ¡dicen que era una diosa!”.
 Después de abandonar a su padre, la joven recorrió un largo trayecto y se internó en Huamba -continuó hablado el hombre de poncho y ojotas-. Se encontraba sola, con hambre y con sed, estaba muy desilusionada con su suerte  y lloraba las veinticuatro horas del día. Sentía una pena infinita por haber dejado a su viejo padre en El Toldo, pero ya no podía regresar. Fueron abundantes sus lágrimas que llegaron a formar una laguna. Hasta hoy el cuerpo de la doncella está perennizado en roca viva y de uno de sus ojos nace el agua que sigue alimentado la laguna”.
 -“Y ¿qué  otras historias tiene la Laguna Prieta? -Contesta don Jacinto, hombre de contextura gruesa, piernas cortas y torcidas, cara pequeña, piel blanca y pelo castaño:
 -“Antes era brava, sobre todo cuando venían algunos visitantes de mala fe con la intención de robarle los regalos que le dejábamos. Entonces, cada año se comía a uno de esos atrevidos. Un día, un muchacho de un lugar lejano se atrevió a insultarla y burlarse de sus poderes curativos, quiso quitarle los perfumes y las ofrendas que le habían dejado. Horas después, créame, lo tuvimos que amarrar en la mula para poderlo traer de regreso. Gritaba, lloraba y se sangraba todo el cuerpo con la uñas, ¡soy el Kuraka!, ¡soy el Kuraka!, decía, y nosotros: ¡no le robes!, ¡no le robes a la laguna!, le pedíamos suplicando, pero el insistía que ella no necesitaba plata, ni perfumes, ni licores, ni nada. Después de robarle se alocó horrible el hombre”.
Llegamos a Huamba al medio día, el maestro curandero que hemos contratado deja su pesada alforja a un lado y señala un punto entre las faldas del cerro: -“Por ahí, por ese hueco de la peña, sale el agua que alimenta a la laguna, antes eran dos, ¡los dos ojos verdes de la doncella! Ella sacrificó uno de sus ojos para ofrendarlo y terminar con su belleza, que era causa de su desgracia”. Alguien le pregunta,- ¿y cómo calmaron a la laguna? El maestro responde: -“Para calmar a la laguna gestionamos la llegada del padre César Girón y entonces, con todos los comuneros cargamos una cruz blanca, la subimos y terminamos por ponerla ahí, sobre esa pampa”.

Levanté la vista y era cierto. Había una cruz blanca y de sus brazos colgaba una corona descolorida y casi destrozada, que se movía levemente con el soplo del viento de las alturas.
El maestro continuó: - “Ahora está linda, señores, miren, miren. Ahí tenemos hierbas curativas en todo el entorno de La Prieta, ahí está la achupalla del oso, la hierba del desprecio, el tabaco del inca, masache, tricachi, siete ornamos, coyuma del cerro, y más…Allá al otro lado de la laguna, al fondo, miren, esas son las hierbas finas o del florecimiento para el futuro. Esa se llama la hierba del buen querer; está, la hierba de la vergüenza; aquella, la hierba de la fortuna. Son incontables las hierbas”


Entonces, entendemos que no se trata de robarle a la laguna, si no de pedirle y agradecerle dándole regalos, pero - ¿Hay algo más que podamos darle a cambio?¿qué homenaje podemos hacerle a la laguna? le pregunto al maestro. Ante la pregunta, el maestro curandero se acomoda el largo sombrero blanco, levanta los brazos y los extiende con movimientos enérgicos. - Todos lo miramos atentos y el maestro dominador de la laguna levanta la mirada al cielo, forma dos puños con las manos y declama el poema del gran poeta ayabaquino Félix Carmen Morocho:
Laguna Prieta que naces/ en la cordillera helada/ Cuidarás de la gacela/ que su fuego ardiente apaga/ en tus cristalinas aguas/ desdeñando tu hermosura.
Laguna Prieta/ doncella/ Tus lagrimas me acompañan/ en las noches solitarias/ cuando el frío me abraza/ cuando mi alma desesperada/ quiere conciliar el sueño/ para soñar con mi amada.
Cuántas noches he llorado/ debajo de tu enramada/ Donde un ave sin nido/ como yo/ me acompañaba. 
Como la pobre gemía/ del anochecer a la aurora/ de ella yo no sabía/ si es que cantaba o lloraba. 
Laguna Prieta/ mi amada/ cumplamos nuestro destino/ Tú, fecundando la tierra/ Yo cultivando conciencias/ Tú irrigando sementeras / Yo allanando caminos.

* Wilder Jaramillo Hualpa. Coordinador Cultural del Ministerio de Cultura en Ayabaca – Piura. La leyenda que comparte en este artículo fue publicada en el libro “Huamba y sus Lagunas Indómitas”,  con la que el autor obtuvo el segundo premio en el XII concurso de Cuentos y Leyendas regionales 2001 organizado por “Radio Cutivalú”.

sábado, 2 de marzo de 2013

El Desafío de Construir

 
El pasado 26 de febrero a las 7p.m. en el Hemiciclo“Raúl Porras Barrenechea” del Palacio Legislativo (Av. Plaza Bolívar S/N, Lima), se llevó a cabo la presentación del Libro “El Desafío de Construir”*, publicado en homenaje al ex Presidente Constitucional del Perú Arq. Fernando Belaunde Terry a 100 años de su nacimiento. Entre las destacadas personalidades que escriben en este libro compilado por Mesías Guevara Amasifuen, Congresista de la República, se hallan Julio María Sanguinetti (ex Presidente de la República Oriental del Uruguay, Javier Pérez de Cuellar (ex Secretario General de la ONU), Adalid Contreras Baspineiro (Secretario General de la Comunidad Andina), Francisco Miro Quesada Rada (Director del Diario “El Comercio”), Luis Bambaren Gastelumendi SJ. (ex Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana), Gustavo Mohme Seminario (Director de “La República” y Directivo de la SIP), Róger Guerra García(Presidente de la Sociedad Nacional de Ciencias) y Javier Alva Orlandini (ex Presidente del Tribunal Constitucional).
A continuación, les ofrezco el texto introductorio que tuve la honrosa oportunidad de escribir para "El Desafío de Contruir", no sin antes invitarlos a leer este libro que condensa una propuesta política vital para el Perú.
 



 
INTRODUCCIÓN

Karel Kosic, filósofo de nuestro tiempo, ha expresado con acierto que "El individuo es el individuo, pero en cuanto entra en contacto con la historia se convierte en un gran individuo creador de la historia o en un simple individuo aplastado por la historia". En este volumen se examina la figura de un personaje de la vida política nacional que, habiendo actuado en un importante tramo de la vida nacional, supo convertirse en un creador de la historia y uno de los más preclaros actores de nuestro escenario en el siglo XX.

En el Perú de 1945, promediando ya el siglo, una coalición de partidos políticos y cívicos, constituida por destacadas personalidades se presentaba como una nueva alternativa para suceder al gobernante de entonces, el civilista  Manuel Prado Ugarteche. José Luis Bustamante y Rivero, apoyado por el Partido Aprista, legalizado bajo la denominación de “Partido del Pueblo”, y por otras fuerzas políticas de la época, logra vencer a su contendor, el candidato oficialista Mariscal Eloy Ureta, imponiéndose por amplio margen, enarbolando el anhelo especial de eliminar los odios políticos, el anatema sistemático del pasado. 
 
Fernando Belaunde Terry,  llamado a convertirse más adelante en uno de los líderes políticos más connotados de nuestra Patria, emerge a la arena política en las circunstancias descritas. Arquitecto, de hablar mesurado y profundamente interesado por el devenir nacional, integra el año 1944 la lista de candidatos a una diputación por el Frente Democrático Nacional encabezado precisamente por el jurista arequipeño José Luis Bustamante y Rivero. 
 
Belaunde pertenecía a la generación de 1930, cohesionada en su afán de servicio al Perú, conformada por brillantes personalidades, tales como Víctor Alzamora Castro, René Gastelumendi, Javier Pulgar Vidal, Miguel Mujica Gallo, José María Arguedas, Alberto Tauro del Pino, Andrés Townsend Ezcurra, Julio Garrido Malaver, Augusto Tamayo Vargas y el Cardenal Juan Landázuri Ricketts.
 
Fernando Belaunde es elegido Diputado Nacional. Una importante huella de su paso por esta Cámara es la propuesta que suscribe junto a otros colegas en procura de lograr la derogatoria de los decretos leyes que establecían el estado de emergencia y colisionaban con la Constitución del Estado, así lo registra Javier Alva Orlandini para este libro conmemorativo.
 
El congresista Víctor Andrés García Belaunde, sobrino del arquitecto, acusioso investigador de la labor parlamentaria y de otros hechos históricos de nuestro país, destaca que don Fernando Belaunde no solo presidió la junta preparatoria de su Cámara sino también las importantes comisiones en las que participó, protagonizando encendidos debates en defensa de sus propuestas, hechos que en su conjunto configuran su ingreso a la política activa o lo que podríamos llamar su "bautismo cívico".
 

Era una época en que Europa, el continente que hasta entonces había regido el orden económico y político mundial, terminaba de ceder el paso a los Estados Unidos de Norteamérica consolidada como la nueva potencia mundial, junto con la URSS de entonces. Sudamérica, por su parte, se había quedado marcadamente rezagada en su desarrollo político social.  

Los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial eran tiempos difíciles, de reconstrucción y cierre de heridas. Esta situación no pudo pasar desapercibida para el Diputado Fernando Belaunde Terry, más teniendo en cuenta que en la disputa por el poder dentro de nuestra política interna, se sucedieron embates que quebraron el orden constitucional y el proyecto democrático en gestación. El arquitecto tiene que haber tomado nota no solo de cómo se desenvolvían los grupos y partidos políticos de entonces, sino también de las argucias y vedadas formas usadas en esos tiempos para impedir el surgimiento de nuevos actores que participen en la conducción del Estado. Sin duda percibió, también, el lado positivo de la política, el deseo de unidad nacional, la preocupación constante por el desarrollo del país y el afán democrático de resolver los grandes problemas patrios, anhelo presente en el pensamiento de ilustres personajes como Jorge Basadre, José León Barandiarán, Javier Correa Elías, Enrique García Sayán, Honorio Delgado, Rómulo Ferrero y Manuel J. Bustamante de la Fuente, entre otros. 

Fernando Belaunde Terry, siendo todavía niño, había conocido ya el destierro acompañando a su padre, don Rafael Belaúnde Diez Canseco, experimentando los sinsabores de la polìtica que fueron templando su carácter y personalidad. Por tanto, allá por el año 1956 no tuvo que pensar mucho para acudir al llamado del Frente Nacional de Juventudes Democráticas que lideraba el joven estudiante de derecho Javier Alva Orlandini, en un tiempo de intensas jornadas cívicas, que tuvieron lugar para exigir a la dictadura la inscripción de su candidatura a la presidencia de la República. 
 
La historia se ha encargado de registrar ester hecho conocido como el Ultimátum de La Merced, cuyo innegable protagonista fue el "Hombre de la Bandera", evidenciando el nacimiento de un nuevo liderazgo, con una nueva forma de hacer política. Ante circunstanciales reveses, Belaunde se inspiraría en la grandeza y valores que caracterizaron a las culturas precolombinas y el gran imperio del Tahuantinsuyo, así como en el trabajo solidario de las comunidades del Perú profundo, fundando un 7 de julio de 1956 en Chincheros-Cuzco, su partido Acción Popular, de claro corte nacionalista y no alineado con las grandes corrientes que mantenían dividido al mundo, con el que llegaría dos veces no consecutivas al gobierno (1963-1968 y 1980-1985).                    


Siguiendo el viejo adagio popular que dice “sólo se ama lo que se conoce”, Belaunde emprendería viajes por los diferentes pueblos y villorrios de nuestra vasta y agreste geografía para “beber de sus fuentes la inspiración”. Producto de esos viajes “Pueblo por Pueblo”, Belaunde extrae los principios ideológicos y doctrina de Acción Popular plasmado en sus obras “El Perú como Doctrina” y  “La conquista del Perú por los peruanos”. Nunca antes alguien había antepuesto al Perú como fuente de inspiración y laboratorio de su teoría y praxis política, por ello Sandro Mariátegui dice que el gran líder de Acción Popular construyó su propio esquema conceptual partiendo de nuestra realidad concreta, ejercicio que constituye una forma particular de filosofar. Bien podría decirse que desde entonces los peruanos empezamos a recuperar la auto estima y el orgullo nacional, venidos a menos por el impacto negativo que dejara como secuela la época colonial.


Victorioso en su momento y ya al frente del Gobierno, Fernando Belaunde emprendió obras decisivas.  Estableció el Banco de la Nación, como ente recaudador de nuestros impuestos e impulsor del desarrollo, en reemplazo de la ex Caja de Depósitos y Consignaciones. Decidió llevar la “educación al encuentro de los educandos”, así como brindar salud y calidad de vida a la población. La “Conquista del Perú por los peruanos” fue el sello característico de una innegable labor de inclusión social desarrollada en sus dos administraciones gubernamentales.

Su obra estuvo orientada mayormente a las grandes obras públicas: construcción de carreteras (principalmente la Marginal de la Selva), aeropuertos, conjuntos habitacionales, reservorios, etc.; asimismo, restituyó el origen democrático de las autoridades municipales. Sin embargo, enfrentó una crisis política, al no contar con mayoría parlamentaria y, en cuanto a política económica, tuvo que lidiar con la inflación.


El perfil humano de Don Fernando Belaunde Terry, sus ideas en el campo de la economía y apoyo social, son abordadas también en este volumen con testimonios de vida sobre el “Hombre de la Bandera” y su trajinar en la política nacional. Su innegable interés por la ciencia, es abordado sobre la base de la obra “El Joven Belaunde” y la historia de la Revista “El Arquitecto Peruano”. En este terreno destaca, sin duda, la creación del Concejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONCYTEC) de innegable aporte a la vida del país.

La visión de Estadista y la importancia que le da a la energía, para el futuro nacional, ha sido analizada a partir de sus más importantes emprendimientos, las hidroeléctricas y su política de apertura que coadyuvara al descubrimiento del yacimiento gasífero de Camisea, que tanto aporta hoy a la economía de todos los peruanos.

La firmeza en defender la integridad del territorio patrio, frente a la amenaza extranjera –hoy ya superada-  y  su afán de trabajar para lograr la integración de los pueblos de esta parte del continente, incluso proponiendo una moneda común, es evocada por  su ex Canciller, Javier Arias Stella y por Adalid Contreras Baspineiro, Secretario General de la Comunidad Andina, quien rescata la célebre fórmula: “Interconexión hidrovial y energética + libre tránsito + moneda común = integración”.
 
La visión americanista del Presidente Belaunde se manifiesta con ocasión del Conflicto de las Malvinas. Fueron precisas sus órdenes en apoyo a la causa argentina sobre el territorio y los espacios marítimos en disputa. Martín Belaunde Moreyra pone justo énfasis en la preocupación de Fernando Belaunde por evitar la guerra y el costo que ésta supone en todo orden de cosas.
 
Hasta los ocasionales rivales políticos de Fernando Belaunde reconocen su honradez a toda prueba, sus esfuerzos para integrar el país mediante la interconexión vial y fluvial y su amor por el país; pero si acaso alguien dudase de la certeza de estas expresiones, está el juicio contundente de una personalidad indiscutible como es Julio María Sanguinetti, ex presidente de la República Oriental del Uruguay, quien destaca que nuestro personaje perteneció a una gran generación de constructores democráticos, que en las dos décadas del 6O y 80 del siglo pasado se abrieron paso entre golpes militares endémicos y guerrillas sediciosas. Se nos recuerda que al tiempo de llegar Belaúnde al gobierno por vez primera, en 1963,  Kennedy acababa de lanzar la “Alianza para el Progreso”, Kubitschek inauguraba la audacia arquitectónica de Brasilia, Rómulo Betancur abría un período democrático en Venezuela, Eduardo Frei ponía en el gobierno por vez primera a la Democracia Cristiana, grandes sucesos frente a los cuales no faltaron hechos lamentables como la actuación del ejército argentino que puso punto final al lúcido planteo desarrollista de Arturo Frondizi.

Belaunde fue testigo de la Caída del Muro de Berlín, acto simbólico que acaba con la bipolaridad del mundo, y que sin duda le hace justicia a la posición política que siempre mantuvo y diferenció a su partido Acción Popular: el no estar a la izquierda y tampoco a la derecha, sino más bien ADELANTE como símbolo de progreso y cambio.

 
Gastón Acurio Velarde y Monseñor Luis Bambarén Gastelumendi destacan en este libro de homenaje el sentido solidario de la política del presidente Belaunde, inspirada y extraída de la tradición andina. Con cooperación popular se fortaleció el sentido comunitario del pueblo pobre, acostumbrado siempre a organizarse para obras en bien de sus pueblos (escuelas, caminos, canales de regadío. Ahora que el crecimiento económico ha traído beneficios a nuestro país, quedando aún pendiente la tarea de inclusión social, de hacer partícipes a los que requieren de mejores servicios, de calidad de vida, del derecho al trabajo y respeto a su propia cultura, es innegable que no tenemos que buscar formulas extranjeras sino más bien invocar –como lo hizo el arquitecto Belaunde– a  la “ley de hermandad” que el Inca Garcilaso de la Vega rescató del Antiguo Perú como un código de moral solidaria.

Al celebrarse el centenario de su natalicio a lo largo y ancho del territorio nacional, es precisa la reflexión de Javier Pérez de Cuellar, quien comparte con todos los peruanos el siguiente pensamiento: “Qué honroso y qué grato habrá sido para él ingresar a nuestra historia como el gobernante que durante diez años simbolizó la democracia, la honestidad política y personal, así como la total entrega al desarrollo de su patria”. Este libro de muchas voces trata de aproximar al lector a un mayor conocimiento de la vida y obra del arquitecto Belaunde, y pretende generar un estado de conciencia y de profundo amor por nuestro país.

Rodolfo Sánchez Garrafa

* Guevara Amasifuen, Mesías (Comp.): El Desafío de Construir. Homenaje a Fernando Belaunde Terry a 100 años de su nacimiento. Fondo Editorial del Congreso del Perú. Lima 2012. 320pp.


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