sábado, 10 de noviembre de 2012

"La morada del Rayo y el Amaru" de Carlos Bardales, en la Galería "Enlace"

 
Rosa María Vargas
Historiadora y curadora independiente

Durante este último año que vengo recorriendo galerías de arte en Lima, he notado que, lamentablemente, existen galeristas cuyos criterios de selección se basan en la escuela de arte de procedencia, los apellidos y a “cierta elite” a la que pertenece el artista (porque creen que así la gente de su entorno va a adquirir las obras que expongan).
 
Afortunadamente, existen algunas excepciones y galeristas cuyo criterio amplio, basado en la habilidad  del artista, sin importar condición social o escuela de procedencia habla muy bien de Ellos  y como ejemplo tenemos a la galería “Enlace”, que dirige de forma profesional y acertada el  Sr. Roberto Ascóniga  junto a su equipo, el cual lo integra la también curadora Silvana Vargas–Machuca Barrantes a quienes les hago partícipes de mi respeto y admiración  por apoyar el talento peruano y realizar muestras de buen nivel tanto en su galería como fuera de la misma. Justamente el día 17 de octubre acudí a la inauguración de la muestra de  un destacado artista del medio: Carlos Bardales.


Carlos Bardales (Lima, 1971), artista plástico egresado de la Escuela Nacional Superior Autónoma de Bellas Artes de Lima, con estudios en talleres de Arte y de análisis tanto en Ámsterdam (Holanda) como en Madrid (España). Actualmente radica en Cuzco y desde allí viene desarrollando su arte y en esta oportunidad  regresa a Lima para sorprendernos con una interesante propuesta  con su muestra “La morada del rayo y el Amaru”.

Claramente puedo apreciar que “La morada del Rayo y el Amaru”, va más allá de la fuerza misma de la naturaleza, que eleva y la enmarca a un nivel  espiritual, tomando como inspiración la cosmovisión del hombre a través del tiempo y del espacio. Formas y dibujos precolombinos y  elementos del arte virreinal también forman parte importante en esta muestra por la originalidad con la que Bardales ha ejecutado durante el proceso creativo de sus obras: El tallado en madera laminada en pan de oro, bronce, plata y aplicaciones de piedras naturales las fusiona en una armonía perfecta entre la naturaleza y el misticismo religioso, que  se aprecia recurrentemente  en su obra, al igual que el color Azul (color de Paz y al mismo tiempo de melancolía),  y es evidente la presencia de símbolos o códigos procedentes de  algunos  credos del orbe como el judaísmo y el cristianismo.


Así mismo, sus lienzos ,en los que predomina la técnica mixta, poseen una iridiscencia y reflejos  tales, debido a los tonos  metálicos, obtenidos (supongo )  base de láminas de pan de oro, bronce y plata  incorporadas a los lienzos (que según afirman algunos restauradores, dicha técnica con “pan de oro” se empleaba en el arte virreinal de la escuela cuzqueña y se le conocía como la técnica del “estofado”) Lo cual contribuye a  resaltar aún más su trabajo, sumado a las texturas empleadas aplicando  generosos empastes y pinceladas suaves para definir  y reproducir la belleza etérea de los rostros y cuerpos de sus arcángeles,  querubines y madonnas o vírgenes (quienes son algunos de los protagonistas de su obra), obteniendo así una producción artística  de buen nivel, técnica y sobre todo de un exhaustivo trabajo de investigación para conceptualizar de manera notable su  nueva propuesta.

Nota: La muestra estuvo abierta al público en la Galería “ Enlace”, Avenida Pardo y Aliaga 676, San Isidro, Lima – Perú, y fue visitada hasta el 10 de noviembre, de lunes a sábado de 11.00 am a 8:00 pm .
http://rosamariavargashistoriadoradelarte.blogspot.com/2012/10/mi-apreciacion-de-la-muestra-la-morada.html


Una acotación sobre el mismo tema

El miércoles (17.09.2012) en la noche se inauguró la muestra “La morada del Rayo y el Amaru” de Carlos Bardales en la Galería Enlace. Hacía meses que no me asomaba a esta galería ubicada en Pardo y Aliaga; el año pasado creo que iba una vez al mes y este año simplemente dejé de ir. Fue un descuido de mi parte, sin duda, porque había olvidado lo animadas que podían ser las noches sanisidrinas (¿quién dijo que las barranquinas eran las únicas buenas?).

Con influencias de la escuela cusqueña y el arte colonial, pero sobre todo con una interesante asimilación de corrientes contemporáneas, el arte de Bardales fluye ante nuestros ojos con un atractivo único y sugerente. Al trabajar con pan de oro o láminas de plata, estos cuadros de gran formato son como inmensas joyas que transmiten un mensaje estético a medio camino entre el clasicismo y el postmodernismo. Ciertamente, quedé encantado con la muestra.

En el transcurso de la noche me encontré con varios amigos como Miguel Samamé, José Medina y Carmen Alegre; conversé un rato con Paolo Vigo y me disculpé por no haber ido a su muestra reciente en Sala 58. También hablé brevemente con el gran Roberto Cores, con Julio Garay y con Hugo Salazar (extraordinario artista que expuso en Enlace hace un año; como curiosidad estoy incluyendo una de sus pinturas en este post), me dio mucho gusto verlo (no habíamos coincidido en ninguna muestra desde hacía meses).

Arion, octubre de 2012.


sábado, 13 de octubre de 2012

Biografía de una mascota



Un impulso, poco cauteloso pero comprensible, nos lleva a compartir con los amables blogistas este breve texto sobre el inquieto cuy que ilustra el pie de nuestra página con el nombre de “Yachaq”. Luis Negrón Alonso, amigo del alma, tuvo la generosidad de dedicárnoslo hace ya bastantes años. Este es mi homenaje a la amistad imperecedera, que cultivamos dentro y fuera de las cuyeras.


Escrito por Sikuta* 

Soy un simple aunque no anónimo cuy, nombrado por otros como cobayo o conejillo de indias, blasones éstos que consiguieron mis antepasados en los laboratorios experimentales, donde ofrendaron sus vidas en pro del ingrato hombre. Ahora ese quehacer ha sido trasladado a mis lejanos parientes, las ratas blancas, pardas, pero no a aquellas que habitan en las esferas de la burocracia dorada, los gobiernos regionales, locales y algunas ONGs. Vayamos a lo mío. 

Yo en mi mejor ángulo.
Qué riesgoso es ser mascota en el tercer mundo. Así empiezo a narrar mi corta vida, llena de vicisitudes y un final consabido, que tú ya sabes, pero lo referiré para ablandar tu rocoso sentimiento. 

Confieso que tengo envidia de mis congéneres que viven en el primer mundo, porque ellos son protegidos por la ley y básicamente porque no estoy dentro de su menú; pues, les produzco llanamente asco, repulsión, y ganas de vomitar, cuando me ven transformado en bocado. 

Mi historia no es tan reciente, porque hay noticias de mis antepasados desde tiempo remoto, que los arqueólogos identifican como el Pre Cerámico, aunque mi filogenia es más antigua. Acepto esa visión miope para no forzar tu comprensión y facilitar el trabajo de ellos, que siempre que encuentran osamentas de mi familia, la identifican como ofrenda sagrada. Pendejos. Lógico, si después de haberse comido mis pulpas, obviamente no pueden tragarse mis huesitos. Así que buen motivo para ponerme en el altar del sacrificio para los dioses. 

Luego estoy presente en las diferentes crónicas del siglo XVI, siempre como objeto sagrado o continente de proteínas y grasa para deleite de los siempre hambrientos hombres. 

¿Preguntan si tiro o no tiro? Pongo las pruebas al canto.

También aparezco en las diferentes narraciones del folklore como héroe sapiente, como el mejor fornicador y procreador de mi especie, que hasta me usan contrariamente en las propagandas de la planificación familiar, como si el acto carnal fuera reprobable entre mi especie. Está bien que para los curas, los misóginos y célibes sea algo repudiable, pero creo que para los que son normales, el hecho que refiero requiere respeto y especialmente técnica, porque deben saber los humanos, que no hay hembra fría sino mal calentada, y no hay colita honrada, sino mal trabajada. 

Me han degradado, ofendido, y han perturbado mi auto estima al ponerme de pitonisa. Me exhiben como “cuy de tómbola” en cuanta plaza pública existe. Los malandrines que cometen esta aberración, se burlan de mi parquedad, de mi perfil bajo, haciéndome adivino. Los transeúntes mentecatos que apuestan por una u otra puertecilla que escogen, están a la expectativa de ganarse unos centavos si acaso ingreso por la que ellos han señalado bajo apuesta. En ese caso soy vitoreado, alabado; caso contrario, soy vilipendiado, insultado y visto como animal de mal augurio o como dicen del mal agüero, pese a no ser ave sino mamífero roedor. 

Protesto contra la cocina novo andina.
Actualmente, centenares de productores y vendedores de forraje viven por mí y mi posterior holocausto, y dicen que es especialmente para el cuy. Las amas de casa, los maridos, los hijos o quienes vivan en el domicilio, afanosamente compran manojos de pasto y declaran cariñosamente a quienes se estacionan para la tertulia, “estoy llevando pasto para mis cuycitos”, hipócritas, porque el amor no es al cuy sino al pepián, al chactado, al horno, o las diferentes formas culinarias en que presentan mi humilde carcasa. Aún más, otros u otras me ofrecen como infaltable pieza en el tradicional potaje llamado chiriucho, que antes sólo se preparaba en la fiesta de Corpus Cristi, y que ahora es aderezado cuando al viandante se le ocurre ponérselo en su antojadizo vientre o como pieza en la sopa de cuy. 

No contentos con todo el escarnio que hacen de mi ser, hoy se las han dado por la cocina novo andina y los gastones me presentan como a un travesti, que combina con todo, para todos los gustos y un poco más y soy cuy de ambiente. 

No todo tiempo pasado fue mejor.

Al iniciar mi corta hoja de vida, insinué el trato que nos dan en el primer mundo; vale decir, el respeto que merecemos todos aquellos que estamos clasificados como fauna. Existen normas que nos protegen, hay asociaciones que dicen que nos cuidan y dan seguridad; pero, también todo eso es peliculina. Pruebas al canto. Tengo unos parientes en Europa, que me han contado sus cuitas y las de otros ‘pets’ o mascotas. 

Dicen que los o las ofrecen exhibiéndolas en jaulas pequeñas y que a los fenicios que los comercializan no les interesa que estén de sed, hambre o con algún malestar; lo trascendental es que sean vendidos, al mejor precio y certificados con vacunas y pedigrí. 

¿Conoces algún cuy de abolengo? Yo no. Todos somos populares, modestos; pero, no cojudos. El único que se cree de la clase A es el “mauro mina”, cuando el individuo no pasa de ser sino un híbrido grasoso, una bola de sebo, que nadie lo pasa. Sólo sirven para exhibición, porque en la cuyera no soplan ni a una, por más rijosa y caliente que se encuentre. En tanto, nosotros, como yoni papini me las cepillo en cadena, aunque lo único que no me agrada es la caída al final, con las patas hacia arriba y el temblorcito de mierda que me produce el culminar la faena. 

De pronto mi fama me encumbra.

La moda, la novedad o el hecho de que querer sentirse más civilizados ha propalado en nuestra sociedad el cuidado que se debe tener a las mascotas, porque dicen que tienen derechos y no saben que también izquierdos. Hay organizadas sociedades protectoras de la naturaleza y sobre entendido de los animales. Cada año nos dedican un día para dicen festejarnos, cuando sólo ése es el motivo, aunque el plato de fondo sea cuy al horno, con embutido fabricado con nuestras propias tripas y sangre, conocido como “tullan”. Y mucho más, han inventado sobre nuestro despojo un juego, que únicamente conduce a una brutal borrachera, so pretexto de buscar el zorrito “atuqcha”. Explico, una vez rebanada por los filudos dientes del tragansal, nuestra quemada piel de la cabeza, a la cual le untan una mezcla picante, tan picante que incluso los pajaritos sufren las consecuencias, proceden sañudamente a descoyuntar los despojos de nuestro cráneo, en busca del poco pero valioso seso, que muchos humanos quisieran poseer, engullir los cadavéricos ojos, y como si esto fuera poco, fracturan la cavidad de nuestros oídos en busca del huesecillo en forma de martillo, al que nombran como atuqcha. Una vez que el huesito está en la yema de su dedo índice, lo muestran alegremente como un trofeo, y los contertulios celebran estruendosamente con aplausos, resoplidos y halagos al descubridor de la miniatura ósea, que será hundida en una copa colmada de licor. El juego radica en escanciar entre pecho y espalda y de una sola vez el contenido bramante de la copa, y si acaso con el trago se va el zorrito, será proclamado campeón y felicitado efusivamente. Pero, rara vez esto ocurre a la primera de bastos; pues, generalmente tienen que ser muchos los intentos para ser declarado(as). Entre tanto, los individuos están cada vez más beodos, al extremo de enamorar por confusión a sus propias mujeres, de quienes hacen malas ausencias o ya dejaron de ser colchoneables. 

Como puedes entender, todo es farsa, que la protección de nosotros las mascotas es un acto civilizado, un principio de convivencia ecológica, que entre el hombre y las mascotas no hay la ley del más fuerte, y demás pamplinas, son pura masturbación. 

Soy mágico pero realista.
Si caes en la casa de uno de esos truhanes, porque su hijito quería una mascota, y que el infeliz quiere cultivar los altos valores y sensibilidad de sus vástagos, cuando menos piensas serás traicionado, y terminarás con tu cuerpo desnudo y bronceado, no por el sol sino por las brazas del horno, en un gélido plato y en las fauces del criador y comprador. Oirás como epitafio: el cuycito está gordito, pero me ha dado pena matarlo para comérnoslo. Cabrones. 

Para terminar y no extenderme, solo resta decir que nosotros, los o las mascotas, debemos formar una asociación para la protección del animal hombre u hombre animal. Al menos nosotros no los comeremos, pues de ello que se encarguen los vermes y después vomiten, entre tanto nosotros seguiremos multiplicándonos, aunque nos califiquen como elementos de exportación no tradicional, y sólo recordarle a los congéneres: 

—¡No es lo mismo bajarse al momento, que bajarse en el acto!

Cuzco, 28 de diciembre del 2005.

* Sikuta, pseudónimo del ácido e irónico - pero siempre jocoso- escritor Luis Negrón Alonso. 

sábado, 6 de octubre de 2012

Presentaron el libro «Cosmos Moche»*

Camilo Dolorier, Guido del Castillo, Rodolfo Sánchez Garrafa, Ministro Luis Peirano,
 Lyda Casas, Walter Alva, Régulo Franco y Roberto Ochoa B.

Con dos reveladoras investigaciones sobre la cosmovisión mochica, aparece «Cosmos Moche». Se trata del primer libro de la colección Enigmas del Antiguo Perú.

“Este libro es una valiosa contribución a la interpretación del complejo mundo de los mochicas, un pueblo de agricultores y pescadores que vivieron siempre de cara al cosmos, pues dependían de las variables climáticas, del cambio de las estaciones, de los movimientos de la Luna y de la observación de las constelaciones. Fue un pueblo que vivió en comunión con el cosmos”, dijo Walter Alva durante la presentación del libro Cosmos Moche.

La ceremonia tuvo lugar en los ambientes de la Casa Belén,  sede del Museo Andrés del Castillo, auspiciador de la publicación. Su presidente, el Dr. Guido del Castillo dijo a su turno que “Cosmos Moche es un aporte al debate científico de una etapa de nuestra historia que solo se ha logrado recuperar gracias al trabajo de los arqueólogos .

La obra incluye dos reveladoras investigaciones de la compleja iconografía que decora cuatro muros descubiertos en la Huaca El Brujo y en la Huaca de la Luna, en la región La Libertad. Desde el primer hallazgo, realizado en julio de 1990, los muros siguen siendo uno de los mayores enigmas del Antiguo Perú.

En Waka de la Luna. Abajo derecha: Mural cosmológico.

La primera investigación es obra del antropólogo Dr. Rodolfo Sánchez Garrafa. La segunda por los arqueólogos Lydia Casas Salazar y Camilo Dolorier. La obra ha sido editada por Roberto Ochoa Berreteaga, periodista especializado en la difusión e identificación de nuevos destinos turísticos en el Perú.

El doctor Rodolfo Sánchez revela que los símbolos astronómicos y terrenales son elementos que construyen una compleja cosmovisión centrada en la dualidad andina y en los cambios estacionales relacionados con los marcadores astronómicos. Por su parte, Lydia Casas Salazar y Camilo Dolorier ven en el caos pictórico del Muro del Tema Complejo de Huaca de la Luna un cosmos social vinculado a ritos propiciatorios.

Como se sabe, estos muros forman parte de los principales atractivos del denominado Circuito Moche en Trujillo y su iconografía es la que más interrogantes provoca entre los turistas. El libro ha sido editado en papel couché con decenas de fotografías e infografías. Incluye una traducción al inglés y trae un CD sobre la cosmovisión Moche. 

CLAVE
El libro está a la venta en El Virrey, Sur y Crisol y en el Museo Andrés del Castillo (Jirón de la Unión 1030, Plaza San Martín). Incluye su traducción al inglés y un CD de la Huaca de la Luna.

* La República. Domingo, 23 de septiembre de 2012.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Los muros de los misterios

Escrito por Roberto Ochoa B.*

Fragmento de MM en Waka de la Luna
El sistema astronómico de la cultura Moche busca ser develado a través del estudio de cuatro muros de gran contenido iconográfico: dos descubiertos en la Huaca de la Luna y dos en la huaca El Brujo. Los hallazgos son recogidos en el libro Cosmos Moche, que habla del gran conocimiento que se tenía sobre las estrellas y los fenómenos climáticos.

Si este muro hablara, resolvería uno de los grandes enigmas de la cultura Moche. Los arqueólogos lo bautizaron con el poco atractivo nombre de “el muro del tema complejo”, pero lo cierto es que no es un solo muro, son cuatro: dos en la huaca El Brujo, en Magdalena de Cao, y los otros dos en la Huaca de la Luna, en Trujillo.

En ambos casos cada par de muros forman un ángulo recto y su compleja iconografía tiene como eje central la imagen de la Luna en cuarto menguante con una estrella en medio, semejante a las banderas de los países islámicos. En ambos casos las imágenes lucen bien conservadas, pero debajo de la Luna hay un rastro de muro erosionado por el “chisgueteo” de un líquido que los arqueólogos identificaron, no sin horror, como de sangre humana. En ambos casos los muros formaban parte de una tenebrosa habitación ubicada en la esquina de una enorme plaza ceremonial decorada con escena de guerreros que arrastran un botín de guerra integrado por una larga fila de prisioneros desnudos dispuestos para el sacrificio ritual.


El primero de los muros fue descubierto el 28 de julio de 1990. Mientras todo el país celebraba las Fiestas Patrias y estaba atento a la juramentación de Alberto Fujimori en el Congreso, en Magdalena de Cao el recordado banquero Guillermo “Pancho” Wiese de Osma y el arqueólogo Régulo Franco Jordán contemplaban anonadados una esquina del primer muro que emergía entre los escombros dejados por los huaqueros. El hallazgo dio pie al ahora célebre complejo arqueológico de El Brujo, que tiene como principal atractivo a la momia de la Dama de Cao.

Este descubrimiento hubiera bastado para revolucionar los conocimientos de la cultura Moche, pero seis años después, en 1996, un equipo de arqueólogos liderados por Santiago Uceda y Ricardo Morales desenterraron en la Huaca de la Luna los otros dos muros casi idénticos y mucho mejor conservados que los de El Brujo.

Sacerdote mediador entre espacios del cosmos
Los muros son los principales atractivos del denominado Circuito Moche en Trujillo y su compleja iconografía es la que más interrogantes provoca entre los turistas: ¿por qué hay tantas estrellas? ¿Qué misterioso mensaje esconden los jeroglíficos de este mural? ¿Sus pictogramas son la prueba de la existencia de una escritura secreta de la élite Moche? ¿Es una criptografía para determinar una fecha especial en el desconocido calendario Moche?

Han pasado más de veinte años desde su descubrimiento y los muros con el “tema complejo” de Huaca de la Luna y de la huaca El Brujo siguen siendo uno de los mayores enigmas del antiguo Perú.

Más allá de los reportajes publicados en medios de comunicación peruanos y extranjeros, hasta la fecha el enigmático “Muro del Tema Complejo” solo mereció la pionera publicación del libro titulado El Brujo, El Mundo Mágico Religioso Mochica y el Calendario Ceremonial, escrito por Régulo Franco Jordán y Juan Vilela Puelles. Los autores proponen la existencia de un calendario ceremonial basado en un análisis de los ritos y ceremonias que figuran en la estructura narrativa del muro. Y añaden: “esta investigación es solo un paso para entender la estructura compleja del sistema calendárico… estamos seguros de que nuestra propuesta será duramente discutida, pero el propósito de esta investigación es alcanzar la información para otros planteamientos contrastables o enriquecedores sobre el tema”.

Un tinku equinoccial
La discusión sigue en pie y justifica ahora la publicación del libro Cosmos Moche, como primer número de la colección Enigmas del Antiguo Perú. “Este libro es un aporte al debate científico de una etapa de nuestra historia que solo se ha logrado recuperar gracias al trabajo de los arqueólogos –nos dice el Dr. Guido del Castillo, gestor de la colección–. Los moches fueron una civilización que prosperó en el actual territorio peruano mil años antes del apogeo incaico. Las investigaciones aportan nuevas luces para entender a esta magnífica civilización”.

La obra consta de dos investigaciones científicas ilustradas con fotografías, dibujos e infografías. La primera realizada por el antropólogo Dr. Rodolfo Sánchez Garrafa. La segunda por los arqueólogos Lydia Casas Salazar y Camilo Dolorier.


Rodolfo Sánchez examina las estructuras y contenidos simbólicos de los cuatro muros “complejos” hallados en huaca Cao Viejo y en la Huaca de la Luna, y encuentra que los símbolos astronómicos y terrenales (personajes, escenas, flora y fauna) son elementos que construyen una cosmovisión centrada en la dualidad andina y en los cambios estacionales relacionados a los marcadores astronómicos. Sostiene, además, que los frisos de los cuatro muros están íntimamente ligados como representaciones del cielo equinoccial y que las estrellas que ilustran los muros fueron ubicadas en su correspondiente posición astronómica.

Por su parte, Lydia Casas Salazar y Camilo Dolorier ven en el caos pictórico del Muro del Tema Complejo de la Huaca de la Luna un cosmos social vinculado a ritos propiciatorios para obtener las subsistencias en mar y tierra –a través de peleas y pescas rituales– que permitirán la elección de héroes vencedores. Además, proponen que un elemento iconográfico del muro podría estar representando a una especie o bioindicador marino del fenómeno El Niño.

* La República. Domingo, 16 de septiembre de 2012.


domingo, 26 de agosto de 2012

La Cruz del Camino o Cruz del Calvario en los Andes


Rodolfo Sánchez Garrafa


Estamos claros que la cruz es un símbolo bastante extendido en casi todas las tradiciones y, desde luego, no es un descubrimiento nuestro que su concepción esté vinculada, en un cierto plano, con una comprensión humana general del universo (Guénon 1931). Es por eso que al tratar de esta representación en los Andes actuales, encontraremos inevitablemente una suerte de aglutinación sincrética pero mejor un acomodamiento de correspondencias, al par que elementos propios de las vertientes culturales occidental y andina, pero también –más allá de las particularidades y del sincretismo– es posible percibir expresiones arquetípicas universales que vienen del fondo de la existencia humana.

Cruces de conquista, procesionales, de techo, familiares e incluso personales, convierten la cruz en una enraizada manifestación de devoción pública y privada. Las innumerables variantes de cruces que provienen de la tradición cristiana se diferencian por sus atributos y advocaciones. Por ahora la materia de nuestro interés es la llamada Cruz del Camino, una representación religiosa que suele colocarse en carreteras, pequeñas colinas, rotondas, a la entrada de los pueblos pequeños, etc. En zonas urbanas, la encontramos en el encuentro de calles, en parques e incluso junto a la fachada o atrio de las iglesias. Las cruces de Calvario, de los Caminantes o de los Caminos, son cruces vistosas de diversos tamaños, hechas de madera policromada y pintadas, preferentemente, de color verde. Las más grandes suelen estar ubicadas en la cima de elevadas montañas, en los cruceros de caminos o encrucijadas y en el atrio de las iglesias. Cruces mucho más pequeñas se guardan en casas particulares al calor de la devoción familiar y de las hermandades.

Con la evangelización que sobrevino en los Andes a partir del siglo XVI, las cruces de Calvario fueron literalmente sembradas a la vera de los caminos y superpuestas sobre antiguos lugares de culto prehispánico, esto es en las wakas, apachetas, y en la cumbre de los cerros, superponiéndose al culto de antiguas wakas, apus descollantes y referentes de estimación para los habitantes de aldeas próximas.


Fueron los franciscanos quienes promovieron el Vía Crucis, como un medio adecuado de sensibilizar a la población y hacer que ésta siguiese a Jesús en su recorrido doloroso por las catorce estaciones de su camino de pasión y de sufrimiento que lo llevarían al Gólgota. Correspondió así a los franciscanos, convertirse en los evangelizadores más profundos de este continente, a fuerza de narrar de manera comprensiva a sus pobladores originarios los misterios de la natividad de Jesús, su muerte, resurrección y ascensión a los cielos.

Tanto las representaciones de Jesús-Niño como las concernientes a la vida adulta de Jesús y, en particular, las de su martirio y ejecución, fueron usuales en la religiosidad contrarreformista y constituyeron la base del repertorio iconográfico que desde el siglo XVI en adelante tuvo como cometido el conmocionar al evangelizado y, a la vez, transmitirle un discurso directo, asequible y contundente sobre la salvación de las almas.

La Cruz del Camino como discurso evangelizador condensado

La Cruz del Camino o Cruz del Calvario, condensa el llamado “misterio doloroso de la crucifixión y muerte de Cristo”. Esta representación iconográfica tiene un propósito evangelizador, ya que el discurso narrativo que conlleva evoca los hechos ocurridos en el monte del Calvario o de “La Calavera” donde acaba la vida terrenal de Jesús y, al hacerlo de manera elaborada y, al mismo tiempo, directa, construye una escena que conmina a la contemplación y meditación.

En el tema Crucifixión, según el testimonio de San Agustín, el Sol y la Luna simbolizan la relación prefigurativa de los Testamentos cristianos: el Antiguo Testamento o Luna, y el Nuevo Testamento o Sol. Dicho sea de paso, en la antigüedad griega, el Sol-Apolo representaba el principio masculino y la Luna-Artemisa el principio femenino. La Cruz del Calvario contiene una serie de unidades simbólicas que se distribuyen tanto a lo largo del stipes o poste que marca la verticalidad, cuanto del staurus o patibulum, puente que lo intersecta y marca la horizontalidad. Estas unidades simbólicas son figuras diversas: Sol, Luna, gallo, paloma, lanza, esponja, jarra, escalera, clavos, martillo, tenazas, dados, paño de la Verónica, corona de espinas, túnica, sudario, trompeta, balanza, espada, calavera y tibias, corazón, cáliz, escabel, soga, bolso de los denarios, columna trunca, látigo, rayo, segueta o sierra pequeña, guante o mano, libro, corona real, palma, cuerno, farol, y las siglas INRI o SPQR, unas más y otras menos.

Significados básicos

▪    El Sol y la Luna, son los marcadores del tiempo. La muerte terrenal de Jesús suscitó un gran acontecimiento cosmológico, tembló la tierra y la luz dio paso a las tinieblas.
▪    El gallo, recuerda la negación de Pedro. Antes que el gallo cantase, el pescador negó ser discípulo de Jesús hasta por tres veces, conforme se le había anticipado.
▪    La paloma, su presencia concierne a la resurrección, es el espíritu que Cristo encomienda al Padre eterno.
▪    Los clavos, el martillo y la tenaza, remarcan que el hombre empleó objetos de su invención para consumar el martirio de Cristo.
▪    La columna, señala que Jesús fue atado para recibir azotes. Nos muestra cómo el verdugo satisface el deseo de ver sometida a su víctima y cómo es que el hijo de Dios se somete al fuero falible de las leyes humanas.
▪    Los dados, están incluidos para recordar que al pie de la cruz los soldados romanos dejaron que el azar determinase a qué manos se iría el manto que cubrió el cuerpo de Cristo. El hombre indiferente ante el sufrimiento ajeno adopta una conducta lúdica, incapaz de acceder a la esencia de las cosas se contenta con la cobertura, con el despojo de la sabiduría, mostrando al hombre más como carroñero que como animal de presa.
▪    El cáliz, supone la prefiguración del dolor y el sufrimiento, la decisión de beber el trago amargo, vino con hiel, como parte inherente a la tarea de redención de la humanidad.
▪     La tinaja y la palangana, rememoran a Pilatos lavándose las manos, es decir exonerándose por la sangre del justo que ha de pagar por los pecadores.
▪     El bolso de los denarios, representa las treinta monedas que cobró Judas por entregar a su Maestro.
▪     La corona de espinas, simboliza el sufrimiento que conlleva la representación de la humanidad a redimir y, en general, el martirio a que fue sometido Jesús.
▪     La túnica, nos recuerda la vestidura ensangrentada del Nazareno
▪     El farol, indica el momento en que los acusadores de Jesús andan tras él en el Monte de los Olivos
▪     La mano, enfatiza la bofetada que Jesús recibió ante el Sanedrín (consejo supremo de los judíos)
▪     El látigo, simboliza los azotes que recibió el Cristo.
▪     Palo con esponja, refiere el momento en que le mojan los labios con vinagre, estando ya en la cruz.
▪     La lanza, simboliza el lanzazo que recibe en su costado izquierdo
▪     La escalera, recuerda el momento en que es bajado de la cruz para ser transportado al sepulcro.
▪    La sigla SPQR inscrita en la parte alta de la cruz, quiere decir: Senatus Populusque Romanus, esto es “Senado y pueblo de Roma”, frase que a veces reemplaza a INRI, que es la sigla más difundida.
▪    La sigla INRI que ocupa la parte alta de la cruz, y anota: Iesus Nazarenus Rex Iudeorum, o sea “Jesús nazareno rey de judíos”, dicho en son de mofa y escarnio.

La Cruz de Camino como complejo simbólico en los Andes

En América y, especialmente, en los Andes, fue la orden franciscana la que se distinguió por la veneración y propagación del culto ligado a las escenas extremas de la vida de Jesús: su Infancia y su dolorosa Pasión. La natividad de Jesús o Niño Manuelito fue propicia para evocar el modo en que la humanidad y todos los seres vivos que habitan la tierra surgieron en las paqarinas. Jesús nace en una cueva y no necesariamente en un establo como lo indica el canon navideño occidental cristiano. Ciertamente, la muerte de Cristo tuvo y tiene como su símbolo por antonomasia a la cruz de madera en la que cuelgan varios de los instrumentos utilizados en su martirio: corona de espinas, esponja, lanza, martillo y tenazas; no obstante, la Cruz de Camino resalta como un complejo simbólico en el que cristalizaron nuevas y antiguas significaciones.

No fue sencillo, obviamente, ajustar los eventos del imaginario cristiano a las particularidades de la visión animada e interactuante del cosmos que prevalece en el pensamiento andino prehispánico. Las naturales contradicciones con las ideas que acompañan al santoral católico incidieron, seguramente, en el poco éxito que tuvo la instauración del 14 de setiembre como el día de la “Exaltación de la Cruz” en las proximidades del equinoccio de primavera. En definitiva, la gran fiesta de la Cruz se consolidó en el mes de mayo, pero el sentido del Velorio de la Cruz, adornada con cintas y papeles de variados colores, no se limitó a expresar el sufrimiento del martirio de Jesús. En el hemisferio sur, el mes de mayo corresponde a un momento avanzado de la mitad solar del año, por lo tanto los rituales andinos del “Cruz Velakuy” tienen que ver más con la resurrección de Cristo que con su muerte, lo mismo se podría decir de la presencia de la Cruz en las grandes peregrinaciones de esta temporada como la de Qoyllurit’i.

Las principales celebraciones de  la Cruz de Camino o del Calvario ocurren en el mes de mayo y en las fiestas de carnaval; en estas ocasiones todo se vincula con la vida, con la reproducción de las especies, con el florecimiento y con la fructificación que sobrevienen al tinku cósmico o encuentro entre el mundo de arriba y el mundo de abajo.


La muerte y la resurrección de Cristo vistas como sendos «pachakuti»

Sol y Luna conciernen a los mundos que alternan su encuentro con la tierra habitada por los humanos. A la muerte de Cristo, el espacio-tiempo diurno cede paso al espacio-tiempo nocturno de manera intempestiva. La hora de la muerte es considerada un momento liminal así como el Calvario es un espacio liminal. Si asumimos que el Sol se ubica hacia occidente, es un Sol que se hunde y penetra en ukhupacha (el mundo de adentro). La Luna se ubica hacia el oriente. Ambas deidades han envejecido. En el hemisferio norte, la disposición es inversa y esto influyó en casos que se hallan fuera de la regla advertida. Sin embargo, la idea a considerar es que el paso del Sol Viejo al cielo del mundo de los muertos testimonia, simultáneamente, el advenimiento del Sol Joven y con él de un nuevo tiempo solar. La resurrección de Cristo luego de su descendimiento a los infiernos (léase mundo de adentro o ukhupacha) alude al tránsito o retorno del mundo lunar o de la noche al ámbito diurno. Muerte y renacimiento se dan la mano en las celebraciones equinocciales. No otra cosa quiere decir la tradición oral del Señor o Cruz de Tayankani, por ejemplo, revelado por el encuentro del niño Marianito Mayta con el Sol Niño, vestido de una blancura extraña y reverberante, planteando la inquietante presencia de un Cristo (el Señor de Qoyllurit’i) y una Cruz (la del Señor de Tayankani) que más que dos tradiciones superpuestas las vemos como una sola, la de correlatos sobre implicancias metafísicas de los tinku equinocciales. Muerte y renacimiento entramados en la alternancia del Sol Viejo y el Sol Joven.

La lanza apuntando hacia hanaqpacha (el mundo de arriba), pasa a simbolizar la tensión del tinku o encuentro entre mundos. La lanza resulta una metáfora de la serpiente que surca el espacio sideral y une los mundos, haciendo posible que la sangre o energía vital del mundo de arriba anime a los seres de la interfase terrestre y del mundo de adentro. Los flecos que a veces aparecen pueden entenderse como las amarras que anclan o sujetan el extremo de un puente que abre la puerta del empíreo. Otro medio de acceso entre mundos es la escalera, ya que por ella transitan personajes mediadores que portan mensajes e interrelacionan a seres de poder entre sí o a seres que donan energía/kamay a los humanos.

La Cruz del Sur es una constelación rectora del hemisferio austral que destaca en la astronomía de todas las culturas originarias del mundo andino. A partir de su acuciosa observación y representación se habría creado el conocido símbolo de la Cruz Cuadrada, llamada Chakana en quechua y Jach’akh’ana en aymara. Astronómicamente, la Chakana parece haber representado el curso del tiempo anual. El eje horizontal indicaría los equinoccios y el eje vertical los solsticios. Una característica es que el punto o área de encuentro entre ambos ejes es el tiempo liminal por excelencia, quizá el Qorikancha tuvo el mismo sentido como lugar de inicio del periplo solar.

En Lima, son numerosas estas cruces erigidas sobre la tradición andina; es seguro que en siglos y décadas anteriores fueron más abundantes, pero pese a la merma de las devociones muchas cruces conservan su prestigio histórico y el carácter milagroso que le atribuye la fe popular. Existe una Cruz del Camino frente a la iglesia de la Vírgen del Pilar, otra afuera de la Casa Moreyra, otra junto a la estación del metro de Atocongo en San Juan de Miraflores, también hay una muy conocida en la Avenida Roosevelt de Surco, otra junto al moderno hospital de Essalud "Jorge Voto Bernales Corpancho", una por la Clínica Geriátrica "San Isidro", en lo alto de un cerrito hay una gran Cruz del Camino, es fácilmente identificable la que se halla en Javier Prado Oeste, y varias en Caminos del Inca de Surco, hay asimismo una junto a la iglesia matriz de Barranco, otra sobre una waka en Chorrillos y una más en la vía que une Aguadulce con La Herradura. La cruz de camino más famosa en Lima parece ser la Cruz de Yerbateros. Sería largo pero ilustrativo hacer un prolijo inventario.

En varios sitios como en Chorrillos la Cruz fue erigida exactamente en la cúspide de una waka piramidal y la arquitectura de la Cruz de Javier Prado Oeste refiere puntualmente esa asociación entre base piramidal y Cruz dominante de su cima. Es seguro que el mayor número de cruces corresponde ahora a parques y cruceros peatonales, pero también están presentes las erigidas en lugares de peligro como la del acantilado de la Herradura. No falta una vivienda que en su frontis exhibe una bella Cruz de Calvario obra de López Antay, se la puede ver en el Jirón Trujillo de Magdalena del Mar que en alguna forma resulta también un lugar liminal de tiempos contemporáneos.


Para no ir más lejos, considero apropiado volver a Guénon. La Cruz, vista desde los lados andino y cristiano, se muestra como un símbolo que tiene poco de histórico y que, por el contrario, expresa analógicamente la comprensión de grandes ciclos y la reconstitución ritual de un centro en una jerarquía relacional. La cruz tridimensional explica la realidad en la verticalidad y horizontalidad de los vectores del tiempo y el espacio. En la oposición y encuentro de rayo y lanza se replica el sentido del eje vertical de la cruz, cuya intersección con el eje horizontal nos descubre el corazón del ser universal.

Lima, agosto de 2012.

Referencia
René Guénon: El simbolismo de la Cruz. Traducción de Le Symbolisme de la Croix. Vega, 1931.

sábado, 25 de agosto de 2012

Una vivificante presencia

Luis Negrón Alonso*

Bruno transitó una vida con altibajos, como se acostumbra decir en el parlar corriente, sus experiencias fueron: unas de cal y otras de arena. En el interregno de su apreciable existencia, sus primeros años fueron de aprendizaje a través del juego, aunque su madre era muy severa y lo sometía a disciplina, con frecuencia de modo violento. No obstante, Bruno sabía sobrellevar sus aflicciones de buen talante, y gozaba sobremanera cuando se divertía haciendo muescas en los travesaños de silletas y mesas. Era posesivo y fiel con quienes lo cuidaban, y dispuesto a exponerse más allá de su seguridad corporal, cuando sospechaba la presencia de alguien ajeno al hogar.


Estando ya añoso, era notorio el decaimiento de sus fuerzas y reflejos, aunque su sola presencia, ostensiblemente disminuida, era todavía importante dentro de la casa familiar, casi siempre silenciosa por la ausencia de muchos de sus miembros y la avanzada edad del patriarca. La casa se había convertido en pocos años en un sitio donde habitaban anchurosamente la mudez y la soledad, matizada con frecuentes ayes del bien querido Bruno. Era una casa fría, mucho más que aquella reservada a los cadáveres. El eco de las paredes era el único interlocutor, que de algún modo recordaba que su morador estaba vivo.

Los achaques de Bruno se acentuaron indetenibles hasta su deceso. Sobrevino entonces el incremento de la sordina y el encierro, en aquel lugar que otrora fuera bullanguero y alegre. La ausencia física de Bruno realmente dejó un gran vacío, y sólo el recuerdo de su retrato, así como de las acciones divertidas que solía realizar, servían como bálsamo para reconfortar la disminuida fortaleza del patriarca, así como anecdotario que podía ser trasmitido desde entonces a los ocasionales amigos. Hablar de Bruno y recordarlo gratificaba el alma, engrandeciendo la conciencia y valores de quienes estuvimos a su lado.

El deudo pasó aproximadamente dos largos meses de vida casi conventual, sin amigos, sin conocidos, sin interrelaciones; pues, parecía que la parca rondaba por el vecindario. La pena y el retiro ganaban diariamente espacio, de modo acrecentado; entre tanto, el regocijo y las ganas de vivir mermaban en cada abrir y cerrar de ojos, como si se tratase de la presencia de un desahuciado, de alguien próximo a ingresar al obituario.


Dentro de ese marasmo, súbitamente, y casi como por arte de magia, Bruno se vio reencarnado en otro ser aún pequeño, pero lleno de vigor y con ansias de vivir y hacer vivir. Se instaló con complacencia en la morada, y con él volvieron los juegos, el corretear en todos los ambientes abiertos, y aquellos que ya estaban clausurados, volvieron a agrietarse complacientemente. Retornaron las preocupaciones para la manutención del recién llegado, se le señaló un lugar para su descanso, se procedió con la provisión de juguetes resistentes y, una vez más, las patas de sillas y mesas se vieron incrementadas con inconfundibles muescas. La bulla, la voz joven y atronadora, volvieron a reciclar los tímpanos del veterano, sacudieron su modorra y le inyectaron una poderosa dosis de energía y deseos de vivir. Los chispeantes ojos negros del reencarnado, aunados a sus torpes caricias depararon júbilo y promovieron renovada complacencia.

Mis sentimientos preservan del olvido a los seres que me son queridos. En este caso, mis perritos Bruno y Chikucha (Chiquito), tienen un grandioso lugar en mi corazón y en mi mente, y sé que ellos me permitirán caminar sin sobresaltos cuando se me corte el hilo de Ariadna y tenga que trasponer el rio del averno.

Cuzco, 22 de agosto del 2012.

*Luis Negrón Alonso, conocido también por el seudónimo de Sikuta.



domingo, 29 de julio de 2012

Máscaras de Paucartambo

Rodolfo Sánchez Garrafa

Hace unas pocas semanas tuve oportunidad de apreciar una bien cuidada muestra sobre Máscaras de Paucartambo, llevada a cabo del 26 de junio al 06 de julio en curso. Auspiciado por la Universidad Wiener, el evento contó con la curaduría de Isabel Palomino Arana y Harold Hernández Lefranc quien, además, es propietario de la colección de estupendas máscaras elaboradas por Mario Palomino Coll-Cárdenas, exhibidas en aquella oportunidad.


Es necesario recoger algunos datos biográficos sobre el artista. Don Mario Palomino es cuzqueño, ha cumplido 63 años. Su tronco familiar lo emparenta con la hermosa provincia de Paucartambo, famosa por su colorida fiesta dedicada a la Virgen del Carmen. Contador Público de profesión, ejerció también la docencia escolar y, probablemente, fue en ese contexto que fortaleció su vocación de transmisor de la herencia cultural recibida de sus abuelos y padres. Habiendo empezado como danzante en una comparsa de Saqra, se fue haciendo, poco a poco, primero en elaborador de su propia máscara e indumentaria y luego en confeccionista de máscaras para actores de diversas danzas populares como el Qhapaq Negro, Qhaphaq Qolla, Siklla, Maqt’a y Contradanza entre otras.

En los Andes, muchos de los personajes que integran las comparsas representan a seres tanto del supramundo (hanaqpacha) como del inframundo (ukhupacha), que si bien son extraordinarios no dejan de ser parte de la naturaleza del cosmos o pacha. En ese sentido, sólo para la comprensión occidental hablaríamos con propiedad de seres sobrenaturales o preternaturales que se relacionan con los humanos y, en general, con los habitantes de este mundo o kaypacha, pensado por quechuas y aymaras como un espacio liminal.

En esta oportunidad, se me ocurre tratar sobre los saqra (a los que se conoce como diablos traviesos) que son propiamente seres de poder procedentes del inframundo, bastante lejos del diablo o demonio cristiano. De hecho, la idea de diablo no es andina, fue incorporada a partir de la presencia europea en el territorio del antiguo Tawantinsuyo. En quechua saqra significa originalmente ser basto, contrahecho, feo, también travieso, el gato es un buen ejemplo de saqra en cuanto inquieto, sorprendente, juguetón, ágil, observador y de hábitos nocturnos. El término supay, tampoco se corresponde con el concepto de diablo o demonio cristiano, se lo utilizó por extensión a falta de un término más preciso. Supay, como registra Fray Domingo de Santo Tomás en su Lexicón se traducía originalmente por ángel, sea bueno o malo, también como trasgo de casa, esto es que concernía a espíritus de poder poseedores de inusuales habilidades, eximios en ciertas artes, una especie de δαίμων daimon griego que nada tiene que ver con atributos de calumniador, acusador, resistidor o enemigo. La idea del dualismo mazdeista que se halla en la base de la concepción cristiana del bien y del mal es distinta al dualismo de los opuestos complementarios que caracteriza al pensamiento andino.

Los rasgos de animales reconocibles que se combinan en las máscaras de saqra remiten al mundo subterráneo, de la noche, como el murciélago y el gato, a los que cantan en la oscuridad como el gallo y a los que se alimentan en el lodo o fango como el cerdo, finalmente a los que son capaces de ver fantasmas como en el caso del perro.

En el imaginario cristiano, la Virgen del Carmen premunida de un escapulario se encarga de rescatar o salvar a las ánimas del purgatorio. La Virgen del Carmen simbólicamente se ajustó bien a la idea de conductora o faro de los saqras del inframundo (ukhupacha), quienes se sienten atraídos pero a la vez cegados por la magnificente luz que la Mamacha Carmen (Madrecita del Carmen) irradia a su rededor. Es tal la habilidad de los saqra, que son capaces de caminar por los tejados, colgarse de los balcones, trepar los postes y hacer mil y una proezas de saltimbanquis. Que los saqra tienten a la Virgen no viene a ser más que una idea fantasiosa y hasta cierto punto absurda, que deriva de ciertas prédicas evangelizadoras poco afortunadas.


Los saqras forman parte de una sociedad que se homologa con la organización social humana, en cuanto jerarquizada, pues tiene a Lucifer como caporal del grupo, con capitanes y soldados a su servicio. La dualidad alcanza a esta sociedad subterránea pues una china saqra o Luzbel, es la mujer acompañante del caporal. Pequeños saqras o infantes llamados mascotas completan la comparsa. La música y el fuego son parte del sentido festivo y nocturno de la ritualidad de la fiesta de la Virgen del Carmen como evento liminal.

Mamacha Carmen. Foto Carlos Díaz

Es significativo que los saqra colaboren con los qhapaq ch’unchu, en tanto ambos grupos se asocian a la región urin, esto es a las partes bajas y profundas de la geografía andina.

La Fiesta de Paucartambo transcurre en un período bastante próximo al equinoccio de primavera. La Luna adulta debe entrar en tinku con el Sol. Las huestes del mundo de adentro muestran preocupación por la necesidad de calentar la tierra y prepararla para los tiempos de la reproducción. Los fuegos artificiales evocan el cielo nocturno estrellado y brillante.

Culebras, arañas, lagartos, y otros reptiles pequeños que ornamentan las máscaras de yeso o papel prensado de los saqra, constituyen elementos de enlace o bisagras entre espacios opuestos. Lluvia o agua del cielo, hilos o hebras que tejen las arañas lagartos que migran de las zonas oscuras y frías en busca del calor solar son recursos simbólicos eficaces del tránsito por una interfase entre mundos opuestos.

Lo dicho hasta aquí no niega que en la danza de los saqra y en la personificación de los mismos se hayan posicionado elementos ajenos al pensamiento andino prehispánico. Lo evidente es que en conjunto todas estas expresiones son parte de un discurso reinterpretativo que apela a recursos de diversas vertientes de una manera sistémica, en el que una gran estructura subyacente se conserva pese a los cambios e incluso gracias a ellos.

La fiesta en conjunto revela un proceso de intenso dinamismo, propio de la tensión de todo tinku o encuentro entre opuestos. Más que desorden lo que se desarrolla es una secuencia minuciosamente pautada que ocurre dentro de los términos deseados y previsibles. El peligro es que esto no ocurra de este modo. Todos cooperan en este intercambio de energía entre opuestos y la solución es la continuidad de la vida, la reproducción de las especies: la prefiguración de la entrada en un tiempo lunar y de calentamiento de la tierra.


Nada podría estar más lejos de la esencia de esta danza de los saqra que considerarla como una representación satírica. No hay, ni puede haber sátira desde el punto de vista andino en una representación eminentemente ritual y sagrada de acontecimientos primordiales. Tampoco hay ambigüedad, como no la hay en ningún evento ritual sagrado, salvo quizá en la participación de alguien ajeno a la verdad incuestionable del argumento representado. Decir lo contrario, sería como ponerse a hablar de la teatralidad en la comunión cristiana o en cualquier rito de iniciación ocurra donde ocurra. Es evidente que en el caso andino el uso de la máscara por los danzantes de saqra es una manipulación de poder que trasciende el tiempo y el espacio.

Vaya nuestro homenaje a don Mario Palomino Coll-Cárdenas, por hacernos pensar en el producto de sus manos sabias y con él en el tránsito de la piedad católica a la sabiduría tradicional andina.


Lima, 29 de julio de 2012.


ZEIN ZORRILLA Y LA POLÉMICA DEL INDIGENISMO Y DEL MESTIZAJE

  Juan Carlos Lázaro “Ni hispano ni indígena, sin embargo, ambos a la vez” (1), es el más reciente título de Zein Zorrilla que forma parte d...